BACK FOR GOOD

5 Dec

Espalda Playa 2Volví de Londres hace algunas semanas y desde entonces vengo queriendo escribir este último post en el blog. Quería escribir y contar que he vuelto, que ya no vivo en Londres, y que en principio mi vuelta parece definitiva. Y digo parece porque una ya no sabe.

Ha sido interesante lo de escribir el blog. Constructivo. Terapéutico.

Me lo he pasado bien, y sobre todo, me ha gustado ir viendo en las estadísticas de Word.press quién me leía, desde dónde, qué era lo que más se leía…No sabía yo de todas estas funcionalidades de los blogs, así que me ha tenido muy entretenida.

Por supuesto, mi blog no ha sido solamente una cosa mía. Sobre todo en los inicios he tenido ayuda de gente a la que agradezco su tiempo y dedicación como han sido: Dave, que me montó el blog en los inicios y me enseñó a manejar el Word.press; Vero, a la que le debo el nombre de “Filling the Gap”y su disposición total al “proofreading”, antes de cada publicación. Muchas gracias también a Marta, por sus clases de “como escribir un blog”, enviadas por mail, y a Guiomar, por echarme un cable moviendo el blog por las redes sociales.

Por supuesto, gracias de nuevo a mis compañeros y compañeras que me enviaron sus “historias” como sociólog@s para que pudieran publicarse.Y gracias claro, a las personas que han ido comentando, o diciéndome directamente qué les parecía lo que iba publicando.

Ha habido de todo, y yo en la medida de lo posible he intentando hacer caso de los consejos, aunque es cierto que al final, el blog ha llevado su propio ritmo, que ha sido mi propio ritmo. Eso quiere decir, que había momentos en los que estaba más inspirada, más animada, y me era más fácil escribir, y momentos en los que no me apetecía, no me salía, o lo que me salía era pa echarlo.

Ha habido gente que me ha dicho que mis post eran demasiado largos. Y cierto era, pero supongo que soy persona de muchas palabras, y al final, cuando terminaba de escribir, me daba penar cortar de un lado o de otro.

Ha habido también gente que me ha dicho que el tono era un poco “ñoño”, y bueno, ahí sí que reconozco que en general no ha he sido muy dura en lo que he contado, que podía haberlo sido, pero al final una es consciente de que hay cosas que se pueden decir, y otras no. Y que hay formas y formas de decirlas. Lo que no quita que en determinados momentos, no me hubiera gustado ser más “hardcore”, en mis opiniones….Pero he preferido ser sutil.

Me ha gustado tener un blog, y escribir de cuando en cuando. Pronunciarme. Me gustaría seguir haciéndolo, seguir escribiendo y seguir siendo leída, pero por el momento, sólo quería hacer esta pequeña despedida, que no cierre…

Hasta la próxima,

Beatriz.

FALSE FRIENDS

15 Oct

False friendsUna de las primeras cosas que aprendemos en clases de inglés es a saber distinguir los llamados “false friends”. Es decir, esas palabras que se escriben de forma muy parecida a cómo las escribimos en castellano, pero que tienen un significado diferente. Así por ejemplo, aprendemos bien pronto que  “library” no es librería, sino biblioteca, y que para comprar libros es mejor ir a una “book shop”.

Además de los “false friends”, en clases de inglés nos adentramos en el apasionante (e infinito) mundo de los “phrasal verbs”, que son esas combinaciones de verbos+preposiciones  que hacen que un verbo varíe o modifique su significado dependiendo de las preposiciones que le acompañen. No quiero ni acordarme  de la lista que nos pasó uno de mis profesores de inglés, en el instituto. Tres hojas completamente llenas de de estos “phrasal verbs“, un número interminable de ellos, listados uno detrás de otro, sin ningún orden ni sentido aparente.

Lo más extraño del mundo, pero también lo más perverso, es como en España pasamos años y años aprendiendo a reconocer “false friends”, memorizando “phrasal verbs”, y mil historias gramaticales más para al final bajarnos del vuelo en Stansted, que nos digan cuatro cosas nada más aterrizar y empecemos a sudar : “¡Qué ha dicho!, ¡Qué ha dicho!” ,“¡Yo que sé, es que ha hablado muy rápido!”, “¿Pero tú no eras el que se había sacado el First?”

Saber inglés- y esto es no sólo estudiarlo, sino conocer y utilizar el idioma-  nos permite muchas cosas, entre otras:

  • A no sentirnos pequeños ni indefensos cuando viajamos a otro país porque no sabemos comunicar qué necesitamos, quiénes somos, o a dónde queremos ir (de dónde no hace falta, saben que somos españoles, seguro).
  •  A no sentirnos frustrados cuando estamos con gente de otros países y no somos capaces de comunicar lo que pensamos sobre un tema (no sé si alguna vez habéis estado apuntados a clases de inglés, y habéis podido comprobar que cuando toca hablar en grupo sobre un tema “random”, el que más posibilidades tiene de “ganar” la discusión no es el que más sabe del tema en concreto, sino el que mejor habla inglés).
  • A entender que el inglés es un idioma común, un idioma de encuentro para muchas personas, incluso para aquellas que hablamos idiomas que provienen de la misma raíz, como el italiano o el portugués. Al final, si estamos con gente de Italia o Portugal, terminaremos hablando inglés, y sólo recurriremos a nuestro idioma si no sabemos expresar algo concreto, o desconocemos como se dice una palabra, pero no para intentar mantener una conversación cada una hablando “lo suyo”.
  • A dejar de preocuparnos por pronunciar o no pronunciar bien (que a veces parece que es que o tenemos que hablar un inglés de Oxford o no podemos hablar nada de nada), para dar paso a la importancia de ser capaces de formar frases, de captar y transmitir expresiones que  te acercan más a la utilidad en contexto del idioma. La pronunciación es importante, pero no hay que dejarse abrumar por un acento que vamos a tener sí o sí, dada la diferencia en sonidos y fonemas que tienen el inglés y el castellano.

Nuestra historia de amor y odio con el inglés no es nada nuevo, aunque sí es algo que estamos superando. Me alegra ver que ahora en los colegios se pone mucho más interés y empeño en intentar cambiar la dinámica de aprendizaje que tan pobres resultados nos ha dado a generaciones anteriores, y que ahora parece que va integrando más el inglés en el currículum escolar sin ese lastre histórico reminiscente de un tiempo en el que fuimos un país cerrado al mundo.

Porque no creo que haya otra explicación posible para entender el problema “nacional” que existe respecto a nuestra forma de aprender inglés como se debe aprender un idioma, que el remontarnos a una época en la que en España estábamos obligados a no mirar de puertas para afuera. Las dictaduras son injustas, peligrosas, y absurdas, pero también muy catetas.

Ya ha llovido desde entonces, afortunadamente, y poco a poco va calando la idea de que el inglés no es sólo una asignatura a aprobar, una referencia en el CV, o un examen que hay que hay que superar (y pagar),  sino una herramienta de apertura a otras realidades, de encuentro con otras personas de otros países.

En definitiva, una herramienta de conocimiento y comunicación.

 

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PD: Claro que tengo que mencionar aquí a la alcaldesa de Madrid y su discurso en inglés promocionando la ciudad como sede de los Juegos Olímpicos. En relación al contenido de ese discurso, enlazo aquí un artículo muy interesante sobre la verdadera razón por la que los Juegos Olímpicos no se celebrarán en Madrid, y que poco tienen que ver con que si el inglés de Ana Botella era malo (que lo era), o si el discurso estaba repleto de tonterías (que lo estaba), sino lo poco que éste tenía que ver al final con el compromiso de Madrid como capital, y de España como país, con el deporte.

El sueño olímpico y la brecha deportiva

 

BECAUSE I´M WORTH IT

16 Sep

Because you´re worth itYo cobro 6,70 libras la hora trabajando en una tienda en Londres.

Tengo entendido que es el salario mínimo aquí (mínimo legal, se entiende, porque hay salarios mucho más “mínimos”). Aunque debería ser más alto, por el hecho de que Londres es capital y por tanto, vivir aquí es más caro que en otros sitios del Reino Unido.

Doy fe de ello.

La ciudad es cara no sólo en comparación con el salario que puedes tener si trabajas en comercio, hostelería o derivados, sino porque aquí son caros servicios básicos como el transporte, que deberían ser mucho más accesibles dadas las dimensiones de la ciudad.

Sigo.

Yo cobro 6,70 libras la hora, excluyendo los descansos. Es decir, que si tengo turno de 8.30 a.m. hasta las 3 p.m. con media hora de descanso, esa media hora no computa. No cuenta.

No money.

3, 35 libras que resto de una jornada en la que puedo ganar 46,90 libras  (a las que hay también que descontar impuestos, claro) por 7 horas de trabajo.

Todos estos cálculos que estoy haciendo aquí son una muestra del tipo de ejercicio mental en el que me estoy haciendo una experta desde que estoy en Londres. Yo que creía que había venido a aprender inglés, y me estoy convirtiendo en la calculadora humana.

Nivel B2 y subiendo.

Y no es que antes de venir no mirara por el dinero que ganaba, ni mucho menos. Creo que desde que empecé a trabajar he sido bastante consciente y cuidadosa con lo que ganaba y gastaba.

De todas formas, hasta la fecha, mis cálculos no han sido muy complejos. Nunca he ganado un salario alto, lo que quiere decir que nunca he cobrado más de 1.300 euros cuando he trabajado en España con contrato a jornada completa. Luego, cuando ya trabajaba más o menos por mi cuenta, mi rango salarial se ha ido manteniendo en esos parámetros, aunque cambiara del salario mensual a cobrar por proyectos, por informes, por colaboraciones, etc.

Supongo que ahí reside el que haya ejercitado tan poco eso del cálculo hora trabajada/dinero ganado. Tener un salario mensual diluye de alguna forma el valor de ese cálculo, o te hace ser menos consciente de la medida de tu trabajo en horas. Porque claro, aquí también habría que mencionar, aunque sea de pasada dos elementos respecto al tiempo y el trabajo:

–       La diferencia entre el tiempo “trabajando de verdad de verdad de la buena” y el tiempo “presencial” en oficina.

–       La diferencia entre horas trabajadas pagadas (con o sin presencia física en oficina) y las horas extras no pagadas.

Después, cuando he trabajado por mi cuenta, y he ido cobrando según los encargos a entregar (tantos euros por este informe, tantos por este análisis), de alguna forma también me ha sido “ajeno” eso de cuantificar las horas de trabajo, en función del precio. Quizás por aquello de que trabajar en casa despista, por la poca concreción de espacio-tiempo que se da en el que es tu contexto laboral-personal.

Mi casa, teléfono.

Sin querer hacer aquí ahora una exposición de los pros y contras de trabajar en casa, es cierto, que haber estado trabajando así en el último tiempo antes de venir a Londres, ha hecho que notara mucho más el contraste con el trabajo en la tienda. Un forma de trabajar totalmente diferente que me está sirviendo además para aumentar y afinar la percepción que tengo ahora de lo que supone mi tiempo laboral, mis horas de trabajo.

Quizá tenga que ver también el hecho de que ahora mi trabajo es mucho más “físico”. Te mueves más, tienes tareas más concretas que hacer de forma continua, que no requieren la intermediación de un ordenador, sino que implican movimiento, interacción real y resultados visibles y directos (que al final del día haya “money in the till”, como resumiría mi jefe).

La cuestión es que aquí en Londres, como ganas poco, y todo es tan caro, incluido el transporte, que es básico para moverte, terminas desarrollando esta calculadora interna en la que vas midiendo la equivalencia de tu hora de trabajo cada vez que gastas dinero.

“¿Una pinta 4 libras? Ponme media mejor, que yo soy poco de cerveza” (y una copa de vino me cuesta casi una hora de trabajo y ahí si ya duele).

Ya una no se deja caer tanto, como cuando en España una noche a gusto se te calienta un poco el pico y te gastas más dinero en copas que el que se supone que tenías que gastarte…No, no, eso aquí no me ha pasado hasta la fecha.

Pero claro, con estos cálculos continuos, y mini-restricciones personales diarias, hay veces que también te cansas y te dices a ti misma. “Vamos a ver Beatrí (yo siempre me hablo mentalmente utilizando mi nombre completo, y en andaluz), con el frío que hace, ¿para qué vas a estar esperando el autobús que va a tardar lo más grande en llegar a tu casa? Coge el metro, coge el metro. Más caro sí, pero un día es un día…Date el gusto”.

Y al final ese día vuelvo a casa en metro.

Porque yo lo valgo, claro.

 

Recomendación para leer:

Un artículo de June Fernández que me gusta especialmente y que habla sobre jóvenes, empleo, qué gastamos y cómo vivimos.

¿Jóvenes sin futuro?

DO THE RIGHT THING

5 Sep

Foto tiendaQueridas alumnas, queridos alumnos,

 

En primer lugar, me gustaría empezar a escribir este post anunciando un cambio en las que serán mis siguientes publicaciones en este blog. Vi vuestra foto de la graduación en el Facebook de la universidad, y me alegré enormemente. Bienvenidas y bienvenidos al mundo de la sociología, con certificación académica.

Tras ver la foto pensé que, aunque  habíais dejado de ser la clase a la que no ha mucho tiempo di alguna que otra sesión más junior que magistral, yo quería continuar siendo vuestra “profesora” un rato más.

O simplemente, la socióloga que vive en Londres, que trabaja en una tienda de ropa, y que  sigue queriendo mantener este blog llamado “Filling the Gap”, para seguir escribiendo y ejercitándome, no tanto en la tarea de “enseñar” (que a veces me parece un tanto pretencioso, que me da hasta vergüenza), sino en la tarea no menos compleja (requiere tiempo y mucha sinceridad…que a veces también me da hasta vergüenza) de compartir mi experiencia.

No sólo para vosotras, para vosotros, sino para quien lo lea.

Y dicho esto…

Hoy: “Do the Right Thing”.

En la tienda en la que trabajo, somos cinco personas. Tres hombres, dos mujeres. El manager es un hombre que tiene 31 años, la segunda de a bordo (la “assistant manager”) es una mujer que tiene 60.

El ambiente de trabajo es agradable, nos llevamos bien, y nos ayudamos. Lo que no quita que desde el momento en el que comencé a trabajar en la tienda, me diera cuenta de que tenía que hacer una “elección” entre dos equipos: el masculino, de ellos y el femenino, de ella.

Uno de mis compañeros, ya el primer día me avisó de que “no te preocupes por ella, que se estresa demasiado, y siempre quiere que estemos haciendo algo”. Mi jefe también me confirmó lo mismo: “se estresa mucho, tú no te contagies y ve aprendiendo las cosas de la tienda poco a poco”. Ahí empecé a hacerme una idea de cómo era la dinámica de trabajo, la dinámica de “equipo” de la tienda.

Todo el mundo trabaja, todo el mundo hace de todo. Cuando ellos están solos en la tienda, todo está ordenado, bien organizado, pero siempre encuentras cosas que colocar, algo que limpiar, alguna etiqueta que poner. Cuando está ella, la tienda está…perfecta.

No hay más que verla, una mujer organizada, rápida y eficaz. Ellos también lo son. Organizados, rápidos, eficaces, pero sin duda alguna, ahora puedo decir que se dejan querer un poco más.

Al principio, me las veía y deseaba para encontrar algo que hacer si ella había estado poniendo todo a punto. Y sobre todo, me las veía y deseaba para lograr que aquello que quedaba por hacer (que básicamente ella dejaba sin hacer para mí), lo hiciera de la forma que ella quería que se hiciera.

Pero yo quería hacer las cosas bien, y quería saber cómo hacerlas bien. Así que le preguntaba mucho, todo el rato, porque eso sí, ella siempre me explicaba, me explica, con paciencia y todo lujo de detalles como se “tienen” que hacer las cosas, para que las cosas estén “bien”.

Creo que esa fue mi forma de hacer evidente que me había unido a “su” equipo. El equipo de las chicas, que hacen las cosas bien, que hacen lo que se tiene que hacer.

Just the right thing.

Al empezar a trabajar en la tienda, rememoré esa sensación de cuando empiezas a ser adolescente y parece que tienes que elegir entre seguir haciendo las cosas “bien” (cuadernos limpios y ordenados, libros que al final de curso parecen seguir siendo nuevos, estuches con bolis y lápices de todos los colores), o pasarte al “lado oscuro” o…bueno, más “relajado”, que siempre me ha parecido que era más “de chicos”, que “de chicas”.

Ser más mayor no era cuestión de ir aprendiendo a hacer las cosas “bien”, sino de hacer las cosas de forma que pareciera que “no te importaran”.

Aún recuerdo el primer día de instituto (yo hice BUP y COU), en el que mi amiga Ana y yo, decidimos dejar atrás por primera vez en nuestra vida nuestra pasión por los accesorios de papelería y en vez de comprarnos un cuaderno nuevo y bonito para el día de la presentación, decidimos (con todo el dolor de nuestro corazón) llevar sólo un folio que –y esto es lo mejor de todo- doblamos mal a propósito, metido en el bolsillo del pantalón.

También me viene a la cabeza cuando tuve mi primer ordenador portátil, que siempre que acababa de usarlo lo cerraba con mucho cuidado, quitaba los cables y los recogía. Un día, mientras hacía esto,  un amigo me hizo el siguiente comentario “qué envidia me das cuando haces eso. Yo soy un desastre con mis cosas”.

Tras esto, mi sucesión de pensamientos fue la siguiente:

1- “Si se asombra de esto, no quiero pensar que habría dicho si hubiera visto cómo tenía yo a mis Barbies con 10 añitos, que no les faltaba un perejil”.

2-  Al experimentar de pronto cierta vergüenza ante su observación, no quedó otra que preguntarme “¿Por qué me siento mal por hacer las cosas bien?”.

Siempre me ha llamado la atención esa sensación de vergüenza que a veces tenemos las chicas por hacer las cosas cómo se nos ha enseñado que hay que hacerlas, cómo se nos ha enseñado que se hacen para que estén bien hechas.

Todo, como siempre tiene su explicación sociológica. En este caso, la explicación tendría que partir de dos conceptos tan básicos como son el “proceso de socialización”, y las “diferencias de género”. Chicos y chicas somos educados de forma diferente y diferenciada.

Nada nuevo bajo el sol.

Aunque podríamos dar muchos ejemplos de estas diferencias, comenzando por el catálogo navideño de juguetes, y terminando por los anuncios de coches y de perfumes, pongo aquí, para terminar, algunos que se me ocurren,  enlazan con la idea planteada sobre las diferencias entre las chicas y nuestra educación en “haz las cosas bien”, y los chicos y su educación en “haz las cosas” (sin más).

Y así por ejemplo:

  • Me acuerdo de cuando estaba en la universidad, cuando visitaba pisos en los que sólo vivían chicos en los que te encontrabas servilletas en el cuarto de baño, una nevera con alguna pieza de fruta o verdura testimonial y embutido; y cuando visitaba pisos de chicas en los que te encontrabas papel higiénico en el baño, nevera con comida y yogures en cada estante y fotos de familia y amig@s en los dormitorios. “Piso compartido” vs “hogar”.
  •  Me planteo seriamente hacer un estudio cualitativo en el que poder recoger las diferencias entre cómo quedan los probadores en mi tienda cuando es un hombre el que se prueba camisas, y cuando es una mujer (que algunas a veces terminan de probarse y te dejan la camisa de nuevo en su percha abotonada y todo…Pa comérselas).
  •  Una de los comentarios que más escucho cuando hablamos entre chicas de ese utópico-hipotético día en el que se decida invertir en píldoras anticonceptivas para hombres  es el de “mmmh…pero no sé yo si me fiaría de que no se olvidaran algún día de tomar la pastilla, que ya sabes cómo son”.

Y con esta reflexión teórica + ejemplos prácticos, termino por hoy. Otros ejemplos serán más que bienvenidos, por supuesto.

Esperando que a la presente estéis bien, se despide

Beatriz Bonete.

 

PD: Supongo que no hace falta aclarar que aquí hablo de forma GENERAL, sin sentenciar que todos los chicos sean de una forma y que todas las chicas sean de otra. Aún así, también te digo que al que le pica, ajos come.

PD2: La foto de este post muestra el estado en el que quedó uno de nuestros estantes en la tienda, después de que un jovenzuelo pasara más de media hora sacando y metiendo camisas mientras mi compañera, mis compañeros y yo le  mirábamos hacer y deshacer con una gota enorme en la frente, tipo dibujitos manga.

 

Recomendación de cine:

Aunque “Do the Right Thing” es una película de Spike Lee muy recomendable de ver, para este post, viene más al pelo esta película, del año 2009, “An Education”.

Recomendación musical:

Para ser buenas, y hacer las cosas bien de verdad, hay que escuchar a la Mala Rodríguez. Cómo no.

MISEDUCATION …o miedo y asco en San Fermines

17 Jul

Yo también

En 1992 tres chicas fueron secuestradas, violadas, torturadas y asesinadas cuando se dirigían a una discoteca en Valencia. Era el caso de “las niñas de Alcasser”, del que se estuvo hablando durante mucho tiempo. Un suceso que ese año conmocionó a todo el país, y que, marcó a toda una generación de niñas, ahora mujeres, que por esa época empezábamos a salir por las noches.

Nos marcó a nosotras pero también a nuestros padres y madres, que si ya de por sí nos iban dando un progresivo permiso para que saliéramos con advertencias de todos los colores, ahora además tenían un ejemplo de lo más evidente al que agarrarse para dejarnos bien claro que teníamos que tener mucho cuidado cuando salíamos a divertirnos por la noche.

Las chicas crecemos aprendiendo miedos. Miedos de situaciones que pueden ocurrirnos por el hecho de que somos chicas. No hay más. Las chicas crecemos aprendiendo a estar alerta. Más de una vez, y más de dos he escuchado a padres que hablan de sus hijas pequeñas, “temiendo” cuando llegue la etapa adolescente, porque “son hombres y saben lo que hay”.

Y lo que hay, lo que aprendemos es muy básico. Aprendemos que las noches pueden ser peligrosas. Aprendemos que lo que hacemos por la noche, cuando salimos a divertirnos, puede ser peligroso. Aprendemos que tenemos que estar alerta, tener cuidado de los chicos, de los hombres. No importa si son amigos o desconocidos, si son de nuestra edad o mayores, si tienen “pintas de lo que sea”, o son chicos “normales”. Son chicos, hombres y hay que tener cuidado.

Las chicas crecemos así. Aprendiendo el miedo. Intentando evitarlo.

Las chicas crecemos con el “ten cuidado” y el “no vuelvas sola”. Porque siempre algo te puede pasar. De hecho, pocas son las chicas que he conocido que no hayan vivido, al menos alguna vez en sus vidas, alguna mala experiencia en esas noches en las que sales a divertirte y de pronto te ves envuelta en una de las situaciones imaginarias que tus padres te han dicho y redicho que pueden pasarte, y que al final, te pasan. Algunas las cuentas, las compartes, otras las callas.

Las chicas crecemos y somos educadas en el miedo. Pero también en la vergüenza, y en la culpabilidad de que el peligro está en nosotras, y sobre todo, en nuestro cuerpo.

Hace unas semanas en un taller de feminismo, expliqué lo que yo llamo “la perspectiva de género” cuando estoy buscando un piso de alquiler.  Siempre a la gente le gusta ver los pisos de día, para valorar la luz que entra en la casa, si es mucha o poca, si es durante el día o por la tarde…A mí me gusta además visitar el piso, la zona, de noche. Quiero evaluar la “seguridad” que me dará cuando vuelva tarde a casa. Si hay suficientes farolas, si es una zona residencial en la que no hay nadie, o si es una zona con bares que puedan estar abiertos.

En ese taller contamos además con la (muy sincera) aportación de varios chicos que contaron su experiencia “desde el otro lado”. Desde el lado de estar volviendo a casa de noche, y ver que hay una chica andando delante de ellos, que de pronto los mira y comienza a aligerar el paso. Uno de ellos contó que él en esas situaciones cambia el ritmo y comienza a andar más lento. Un cambio de ritmo que viene a decir “puedes estar tranquila, que no te voy a hacer nada”. Al hilo de esto, comentaban también la incomodidad que les supone verse y reconocerse como un “potencial peligro”, por el simple hecho de ser varones. No es nada nuevo, de todas formas. Nada que no sepamos, aunque sí que sea algo de lo que se habla poco, sobre todo en entornos masculinos.

Lo que ocurre es que nuestra “educación en el miedo” siempre ha tenido más énfasis en situaciones que impliquen que estemos solas, que sea un ambiente de fiesta (y que haya por tanto alcohol y/o lo que se encarte),  y que sea de noche. Así, lo que ha ocurrido durante la semana pasada, con toda esta sucesión de noticias y fotos de chicas siendo manoseadas por chicos en los San Fermines de este año contradice estos principios de educación preventiva en ambientes nocturnos.

Esto que ha pasado, y que tanto eco mediático ha tenido, nos viene a “re-enseñar” que las chicas no sólo tenemos que temer que sea de noche y que estemos solas, sino que además tenemos que tener cuidado incluso cuando estamos rodeadas de mucha gente, a plena luz del día.

Las mujeres no sólo sentimos miedo ante todas estas situaciones que primero aprendemos y luego sabemos, que nos pueden pasar. Cuando somos objeto de experiencias similares a las que han vivido muchas chicas en San Fermines este año (y años pasados), además de sentirnos agredidas y degradadas, nos da mucho asco.

Da mucho asco pasar delante de un grupo de chicos y aguantar comentarios absolutamente obscenos de “cosas que te harían”.

Da mucho asco además que cuando les insultas tú a ellos, o directamente pasas (no porque no quieras insultarlos sino porque si vas sola siempre piensas que es mejor callar y no provocar ninguna situación en la que porque vas sola y eres chica puedes salir perdiendo, y mucho), te digan que “encima que te están diciendo algo bonito”…

Da mucho asco esperar en una cola en la que hay mucha gente y sentir de pronto que el chico que está detrás de ti se te pega innecesariamente.

Da mucho asco que te toquen cuando tú no quieres que te toquen, donde tú no quieres que te toquen (donde no pueden tocarte sin tu consentimiento), quién no quieres (ni tiene derecho alguno) a hacerlo.

Las chicas somos educadas de forma preventiva respecto a cómo tenemos que manejar y evitar situaciones peligrosas que impliquen a varones potencialmente agresores. Pero la pregunta que queda siempre en el limbo es ¿bajo qué principios preventivos educan a los hombres?

La conclusión puede que se reduzca a la utilización de una estrategia tan sofisticada como retrógrada por parte de ciertos varones, para demostrar que el espacio público sigue siendo “cosa de hombres”. Pero quiero creer también que todo este revuelo mediático por lo ocurrido en San Fermines es una señal de que ya vamos reconociendo  lo que es una agresión sexual, que tiene que denunciarse y, por supuesto, prevenirse.

Mientras tanto, las chicas seguiremos con nuestra alerta (aprendida y reaprendida) activada, agradeciendo la conciencia y la intención de esos chicos que deciden “cambiar el ritmo”.

 

Nota: Destaco dos de los artículos, de los muchos que han aparecido) que han abordado este temas (recomiendo leer los artículos, y también los comentarios publicados): “Tetas y Toros” publicado por por Pikara Magazine,  “La revuelta de las neuronas”, de Jorge Moruno, y “Asco en el Tahir pamplonica”, de Jesús Moreno Abad, ambos publicados en Público.

PEOPLE PERSON II

5 Jul

Mujeres esperando bus

Queridas alumnas y queridos alumnos,

Continúo aquí el post anterior, para terminar de comentar algunas cosas sobre lo que planteaba de de ser “sociables” (People Person), además de sociólogas y sociólogos.

Dejé algunas preguntas en el aire, que espero que hayáis podido tener en mente, aunque hayan sido sólo unos minutos, para pensarlas y reflexionar sobre ellas. Si no lo habéis hecho, os animo a volver al post y leer las cuestiones de nuevo. Siempre es bueno hacerse preguntas sobre lo que hacemos. Sobre todo es recomendable de vez en cuando preguntarse acerca de aquello que hacemos y que asumimos hacerlo bien porque así hemos aprendido a hacerlo.

You know what I mean.

Me gustaría también recoger una cuestión que me han planteado dos personas al hilo del post anterior. Ambas me hablaban del concepto de “humanidad”. Una de ellas, comentaba la necesidad de contar con este concepto, como asignatura obligatoria en todas las carreras universitarias, no sólo en sociología o en carreras de ciencias sociales. Ella es dentista, pero dentista de las buenas. De las que tratan con pacientes, y no con clientes. Sabe mucho por tanto de cómo ser sociable, cercana, humana. De cómo quitar miedos, además de dientes.

Otra persona me enviaba la siguiente reflexión: “las torres de marfil son necesarias, mientras no se deshumanicen”. Este último apunte nos puede llevar a plantear el tema, también muy recurrente y controvertido en investigación social, como es el de la delgada línea que separa la objetividad de la subjetividad por parte de las y los investigadores. Es bien cierto que en ocasiones, se necesita contar con espacios de separación entre sujetos investigadores y sujetos investigados, de forma que pueda aplicarse cierta perspectiva desde afuera a aquello que queremos estudiar.

También porque desde la sociología funcionamos con conceptos y estos conceptos facilitan el que podamos estructurar nuestro conocimiento con un esquema previo, que hay que validar posteriormente de forma práctica. En este proceso de validación es cuando entra de nuevo el juego de combinar y adaptar los tiempos dedicados a teorizar y preparar diseños de investigación en la torre de marfil, y los tiempos de acercamiento al mundo real, con el trabajo de campo.

Vuelvo a las reflexiones recibidas con la anterior publicación, respecto a introducir el concepto de “humanidad”, en la teoría y en la práctica profesional, en este caso, de la sociología. En este sentido, he de decir que es recomendable rescatar lo humano de nuestra profesión. Más que necesario es imprescindible. Porque somos profesionales de nuestro ámbito, y también somos humanos. Y es bueno que reconozcamos ambas facetas, que las hagamos encontrarse, que las reconciliemos.

Conocemos de sobra la expresión que dice que “errar es humano”. Un dicho que expresa de forma efectiva para la sociología el punto de encuentro entre nuestra faceta humana con nuestra faceta “científico-social”. Porque errar es humano, y el ensayo-error es el procedimiento científico por excelencia que  nos va  acercando al conocimiento a partir de intentos, acercamientos, equivocaciones, y aprendizajes. Ya lo dice también otra expresión comúnmente conocida: “de los errores se aprende”.

No queda otra. En investigación social, y en la vida.

Es importante además que podamos integrar estos errores como una parte “natural”, del propio proceso de generar conocimiento, de generar formas de acercarnos a la realidad con la curiosidad de saber qué podemos extraer de ella. Qué podemos aprehender, y que podemos aprender.

Acercarnos a la realidad con curiosidad, pero también con respeto, porque las realidades sociales son espacios y situaciones vividos y compartidos por personas, por seres humanos. Por la gente.

Somos seres humanos pero también sois, somos “gente”, que es un término que quizás nos acerque más a lo social y menos a lo biológico del término “persona”. Ser parte de la gente supone el compromiso de ser y actuar como profesionales, con honestidad y honradez con las personas con las que trabajéis como “sujetos de investigación”.

Así que bajad de la torre, cuando diseñéis preguntas para incluir en una encuesta. Que sean preguntas que se entiendan, que no cuestionen el conocimiento de la gente sobre el tema del que queráis obtener información, sino que pregunten sobre sus experiencias, sus percepciones.

Bajad de la torre cuando hagáis entrevistas, o grupos de discusión, porque a veces, al abordar temas complejos (¿qué tema no es complejo en investigación social?) os encontraréis discursos como éste:

Llevo tres años en España y él en mi país. Me amenaza por teléfono. Que… qué hago en un país europeo, sin control; que hay mucha libertad. Que si viene aquí y se entera de cualquier cosa… Tengo que llevar el móvil hasta en el servicio porque tiene que saber dónde estoy todo el rato. Dice que me matará… Cuando hablo de esto me entra… (risas nerviosas de todo el grupo) Aunque yo estoy segura que no estoy haciendo nada”.

No sólo es pegar: discursos de mujeres inmigrantes en torno a la violencia de género”. Actuación Investigación-Acción:Metodologías de Intervención con Mujeres Inmigrantes Víctimas de Violencia de Género del ProyectoEQUAL Bembea.

Y entonces, os daréis cuenta de que es mejor recoger discursos como éste habiendo ya bajado de la torre de marfil. Porque hay discursos, realidades que no es que os hagan bajar de la torre. Es que, directamente, os tiran de ella.

Esperando que hayáis terminado bien vuestros exámenes y el curso, os mando un saludo.

Y a quienes habéis terminado el curso, y el grado, os mando mi enhorabuena.

Un abrazo,

Beatriz Bonete.

 

LINKS:

Recomendación de material didáctico: “Investigación Acción Participativa de bolsillo”. Una de las mejores formas de motivar a la gente para participar como sujetos de investigación en un proyecto, es intentado demostrarles la utilidad de su colaboración, incluyéndoles en el proceso. En este documento que os adjunto se explica de forma práctica y clara el proceso de trabajo que conlleva una investigación participativa, elaborado por la organización Acsur-Las Segovias (especializada en temas de cooperación internacional al desarrollo).

Recomendación de cine: de nuevo recomiendo aquí la película de John Ford “Las Uvas de Ira”, y os dejo un enlace al discurso final de una de las protagonistas, Ma Joad (la matriarca). Un discurso potente y muy feminista además.

(Se escucha regular, así que espero que acudáis a la película, y la veáis al completo. Y como por pedir que no quede, espero que además de a la película, os leáis la novela “Las Uvas de la Ira”, de John Steinbeck).

PEOPLE PERSON

21 Jun

People I

Queridas alumnas, queridos alumnos,

No puede una evitar al escribir estas cartas (este blog), recordar muchas cosas de cuando era yo la que estaba estudiando la carrera de sociología. Recuerdos sobre clases,  trabajos, las primeras presentaciones en clase, el mes de junio estudiando-pensando en el verano-estudiando, las teorías sociológicas que aprendías, soltabas en el examen, y ahí se quedaban. Y también las teorías que aprendías, no soltabas nunca, y marcaban un antes y después en tu forma de mirar el mundo.

En tu forma de estar en él.

Por supuesto, también recuerdo a las profesoras y profesores que me dieron clase. Tuve de todo, claro, calificables del 1 al 5 en una escala en la que 1 es igual a profesor malo o muy malo y 5 es igual a muy bueno o excelente. A aquellas y aquellos que me dieron clase y que puntuaría de 4 para arriba,  contribuyeron (y ahora me doy mucha más cuenta de ello) a orientar y configurar la que es a día de hoy mi trayectoria profesional…e incluso personal. Fue gente de la que aprendí muchísimo, y no sólo de sociología.

Esto era una de las cosas que pensaba (y que más nerviosa me ponía), cada vez que entraba en el aula el año pasado para daros clase con el propósito de intentar sumar  “algo”a vuestra formación como potenciales sociólogas y sociólogos. Porque ya de paso, por qué no, también ambicionaba poder sumar  a vuestro aprendizaje como personas.

Porque también se trata de eso, ¿no? La docencia, me refiero. O por lo menos, lo que ha sido mi experiencia. El profesor o profesora que ha sumado en mi vida, es porque ha ido más allá de los “contenidos” de la materia que a él o ella le tocara impartir, y a mí escuchar.

Aprender, enseñar…

Chiquita tarea.

Tremenda responsabilidad.

Pues bien, estos días he estado recordando a uno de estos profesores, que yo calificaría de 5 (es decir, muy bueno-excelente), que me daba la no menos curiosa y compleja, asignatura de Sociología del Conocimiento. Fueron clases que me hicieron pensar y filosofar (sí, filosofar) mucho. Pero recuerdo dos cosas fundamentales de esas lecciones que paso a contaros en dos puntos:

Uno: Fue la primera vez que asistí a una clase en la que un profesor de universidad realizaba una disertación absolutamente magnífica sobre la necesidad social de que existieran o no las palomas. Pidiendo disculpas por adelantado por lo que pueda suponer esto para el medio ambiente en general, y a simpatizantes ecologistas en particular, he de decir que su discurso  defendía la no existencia de estas aves con una argumentación ágil y bien hilada..

Lección que aprendí: es posible en esta vida, y quizás en otra también, llevar a cabo análisis sociológicos sobre cualquier asunto, por extraño, o ajeno que pueda parecer a nuestra disciplina. Y además, es posible hacerlo de forma brillante, igual que si se estuviera haciendo una disertación sobre la evolución socio-demográfica de la población europea en los diez últimos años,   y no sobre un tema tan banal como es por qué las palomas “deberían” dejar de existir como especie.

Dos: Fue la primera vez que escuché a un profesor hablar sobre  la “torre de marfil”, como aquel lugar en el que se sitúan (o se esconden, dependiendo del caso), aquellas personas que se dedican al conocimiento por el conocimiento, alejados de lo que serían las dimensiones más terrenales de la vida social.

Esta “torre de marfil”, puede encontrarse en cualquier ámbito científico y profesional (se me ocurre que también puede encontrarse en el ámbito de la política, o en Consejos de Dirección de tantas empresas, tantos bancos, tantos…Tantos), y en el caso de la sociología designaría a profesionales que se concentran más en los aspectos teóricos de la realidad, dejando de lado aquellos aspectos relacionados con lo que en sociología podemos llamar el “trabajo de campo”, que implica contactar e interaccionar con personas sobre las que se quiere llevar a cabo una investigación.

Desde que estoy en Londres, me doy cuenta de que cuando empiezas a aprender y desenvolverte en otro idioma, estás más atenta al descubrimiento de expresiones, de palabras que te resultan curiosas o llamativas. Al principio de vivir aquí descubrí el significado de ser “people person”, una expresión que designa a aquella persona que es buena tratando con gente. En inglés no se andan con tonterías. Si, por ejemplo, eres más productiva de noche que de día, eres una “night person”. Si, de lo contrario, eres más productiva por la mañana, o resulta que de fiesta lo que mejor se te da es el mañaneo a partir de las 6-7… “morning person”. Así que si interactuar con la gente se te da bien, pues eso,”people person”.

Dos más dos son cuatro. Cuatro y dos son seis.

Es curioso que en ninguna entrevista de trabajo, hasta el momento, o en los proyectos en los que he participado me hayan exigido un perfil de “people person”. No es un requisito indispensable, en principio. Sin embargo, algo que sí aprendemos en la carrera es conocer cómo se genera y se desarrolla una teoría, que siempre parte de una primera hipótesis que tiene que verificarse y probarse en la sociedad, es decir, con personas. Conceptos teóricos como son el de “desigualdad social”, por ejemplo, son difíciles de medir y de teorizar desde arriba, desde esa “torre de marfil” desde la que os hablo. Podemos tirar de bibliografía, de discusiones interminables sobre qué es, o cómo definimos la “desigualdad social”. Pero al final hay que “bajar” al terreno, e investigar.

Investigar, que en el caso de la sociología supone  interactuar con la gente, siempre, eso sí, técnicas de investigación mediante. Si hemos diseñado una metodología con técnicas cuantitativas, pasaremos una encuesta para que la gente la responda. Si vamos a aplicar técnicas cualitativas, haremos entrevistas, o plantearemos grupos de discusión sobre los temas sobre los que queramos recoger información, entre otras muchas opciones.

Con la intención de retomar el tema de esta carta, en una segunda parte la semana que viene, os lanzo de momento estas preguntas:

¿Cómo sociólogas y sociólogos, tenemos/debemos/sería deseable ser “people person”? ¿Depende del ámbito en el que nos movamos, ya sea investigación social en el Tercer Sector, o investigación de mercado, o en general sería una dimensión personal que habría que promover para cualquiera de ellos? ¿Depende de las técnicas de investigación en las que nos especialicemos? ¿Importa menos ser “people person” si trabajamos analizando datos de encuestas que si nos ocupamos de analizar discursos recogidos en grupos de discusión, por ejemplo?

¿Importa realmente que incluyamos el contacto y la comunicación con la gente como un requisito a desarrollar en el ejercicio de nuestra profesión?

¿Queremos? ¿Debemos?

Al fin y al cabo, siempre nos quedará París y la posibilidad de quedarnos en la “torre de marfil” (que no Eiffel), bien provistos de libros y teorías, discutiendo acerca de si las palomas deberían o no desaparecer…

Esperando que al recibo de esta carta estéis bien me despido con un abrazo,

Beatriz Bonete

 

LINKS: 

Recomendación de libro: “Detectives y camaleones. El grupo de discusión: una propuesta de investigación cualitativa”, escrito por Soledad Murillo y Luis Mena. Aclaración: este libro es recomendable también como base para la aplicación de  técnicas cuantitativas, no sólo para las “cualis”.

Recomendación de cine:“El Indomable Will Hunting” (“Good Will Hunting”): con especial atención al el discurso (medio bronca, pero de forma elegante y académica), de Robin Williams (en su papel de terapeuta) a Mat Damon (Will).