GET INVOLVED

10 Jun

Jerez-calle larga 14N Queridas alumnas, queridos alumnos,

Espero que a la presente estéis bien.Yo, desde Londres, también estoy bien.

Podría decir “estoy bien “y añadir eso de “no puedo quejarme”, que es una expresión de la que se tira mucho últimamente. Porque dadas las circunstancias (económicas, laborales, etc.), motivos hay para quejarse, pero a veces se tiende a utilizar esta coletilla por varias razones, creo yo:

  • Por un intento de reflejar una actitud estoica ante la vida de que “ya me pueden echar lo que sea, que yo no me quejo”.
  •  Porque la queja no siempre es bien recibida. Algunas personas se cansan, se desaniman si escuchan quejas, se alejan…porque “si es que está todo el día quejándose”.
  •  Porque te invade una sensación de derrotismo, a veces incluso antes de empezar a pelear, llegando a la conclusión (prematura) de que “quejarse para qué”.
  • Por pensar que hay gente que está peor que tú, y por tanto, “tal y como está el patio, no tengo derecho a quejarme”.

“No tengo derecho a quejarme”.

Dejo aquí esta expresión, para retomarla un poco más adelante. Como veis, hoy la cosa no va de sociología…O sí. Depende, como siempre, de la posibilidad de análisis y aplicación que tenga lo que os voy a contar hoy en esta carta, que yo creo que posibilidades tiene muchas. Si queréis algunas categorías, antes de que os suelte la parrafada, os puedo adelantar que hoy la cosa va sobre movimientos sociales, y participación social y política.

Hoy la cosa va de quejarse.

Empiezo por las ramas, contando que el otro día vi “Lo imposible”, la película de J. Bayona que relata la historia de una familia que sobrevivió al tsunami que arrasó  la costa del Sudeste Asiático en 2004. La película está basada en una historia real de lo que le ocurrió a una familia española que en esos momentos se encontraba en Tailandia de vacaciones. Recuerdo que leí una crítica a la película, que venía a decir que era una perspectiva muy egoísta (occidentalmente egoísta) el centrarse sólo en lo que le sucedió a esta familia, cuando las consecuencias humanitarias del tsunami en esa zona fueron catastróficas. Sobre todo, como siempre, para las personas autóctonas que, además de perder a familiares, perdieron sus casas, sus medios de vida… Todo.

Cierto.

El director respondió que bueno, él quedó muy impresionado cuando supo de  la historia de esta familia, y cómo todos sus miembros (padre, madre, tres niños) habían logrado sobrevivir a tamaña catástrofe. Y quiso contarla como una historia particular de supervivencia en una situación extrema. Lo que no significa que no le importara ni que quisiera obviar a las demás (miles) de víctimas del tsunami.

Cierto también.

Al terminar de ver la película y recordar esa pequeña polémica que trajo consigo su estreno, hice un pequeño ejercicio de trasladar el significado real de la crítica, que no era una crítica de cine, sino una crítica social, al contexto en el que ahora nos movemos. Es decir, la crisis. Otra situación extrema, también con efectos devastadores a nivel humanitario.

Y me preguntaba: si yo quisiera hacer una película sobre la crisis, ¿en qué me centraría? En vista de que en cine, por motivos de tiempo y dinero, nunca se puede contar todo ni hablar de todo, ¿qué situación social querría contar por encima de otras? ¿Contaría aquello que más me afecta a mí? ¿Significaría eso que resto importancia a otras situaciones que, con toda probabilidad, soportan circunstancias de vida más complicadas y difíciles que la mía?

¿ Hubiera sido “alargar mucho la película” que la familia, superadas las heridas y el trauma, se hubiera involucrado de alguna forma con el resto de víctimas que no tuvieron la suerte de ser rescatadas como ellos?

“Tener derecho a quejarse”. Retomo la frase, la expresión. Tenemos derecho a quejarnos,y de hecho, en momentos como los que estamos viviendo ahora, es un derecho y un deber. Eso sí, la queja tiene que estar acompañada de algún tipo de actuación constructiva encaminada a intentar resolver la situación en la que nos encontramos, y de la que nos quejamos. Vivimos en una democracia, lo que implica, que hay muchas maneras de mostrar que no estamos conformes con ciertas situaciones. La más conocida, pero también la menos recurrente (sólo es cada 4 años), y también la que peor publicidad tiene ahora, es el derecho al voto. Pero existen también muchas otras maneras, muchos otros cauces, con los que expresar la queja, la indignación, ante una determinada realidad que nos toca de cerca, o ante una realidad que nos mueve por algún motivo a eso: a quejarnos, a indignarnos.

Varios puntos en relación a esto:

1-Quejarse una misma con una misma no es sano para la salud (mental). Quejarse sólo con amistades y familia, no es bueno para la vida (social). La queja tiene que ser colectiva para que llegue a buen puerto. Es decir: para que se oiga, se visibilice, aparezca en un telediario, en un periódico o en un debate. En la agenda política de los partidos. En comunicados y pancartas de movimientos sociales. Sobre todo, porque en la gran mayoría de los casos, la situación de la que quieres quejarte no es una situación particular que sólo te atañe a ti, sino que afecta también a otras personas.

2-La colectividad de la queja, llegado a un punto, requiere también de un grado de organización que va a variar dependiendo de cómo evolucione  el movimiento que esa misma colectividad vaya generando. Para organizar a la gente, y organizar las quejas (cómo encauzarlas, cómo transmitirlas y hacerlas visibles),  es imprescindible dedicar una parte de tiempo personal que va a depender, fundamentalmente, del grado de implicación que cada una y cada uno decida tener, pero también de la propia experiencia previa que se tenga en este tipo de actuaciones. Es usual, por tanto, que en los núcleos organizativos de estos movimientos, se encuentre gente que ya cuenta con un bagaje anterior en participación social y política, que promueve y orienta estas dinámicas de participación (organización de protestas, otras actuaciones, asambleas, etc.) y puede integrarlas en su tiempo personal de forma más “natural”.

3-Por último, es necesario, y también útil, adquirir una perspectiva integral de la queja. ¿Qué quiero decir con esto? Que las protestas sociales no pueden ser el equivalente al “yo he venido aquí a hablar de mi libro”. Es importante entender las conexiones que tienen los movimientos sociales con la esfera de lo político, y también entender las propias interconexiones que existen entre los propios movimientos. Porque como podemos ver en el contexto actual, las soluciones a un determinado problema o situación implican un cambio social también integral del propio sistema político y económico (complejo, pero no imposible).  Esto que supone que es importante adquirir conciencia de la necesidad de establecer sinergias, lugares de encuentros, espacios en los que compartir las protestas y movilizaciones, para poder alcanzar el cambio.

Por tanto la queja, en una democracia, es un derecho. Y cuanto más lo ejerzamos a través de la participación, social y política, en movimientos, en partidos políticos, asociaciones o colectivos, más lo iremos integrando como lo que es: un derecho de ciudadanía, pero también, un deber. Sobre todo, en relación con aquellas personas que tienen menos posibilidades para movilizarse. Algunas que ni siquiera pueden llegar a formular y emitir su queja.

Los derechos y deberes, en democracia, no se heredan, sino que se aprenden y se practican – de ahí el acierto en desarrollar una asignatura en los centros educativos que se llamara, efectivamente, “Educación para la ciudadanía”-. Porque los derechos y deberes no los heredamos por vía familiar, como se pueden dejar en herencia propiedades, recetas de cocina, o hipotecas. De hecho, como está ocurriendo en el ámbito laboral, estos derechos podemos incluso perderlos de generación en generación (como hija de sindicalistas, sé de lo que hablo).

A día de hoy, que yo sepa,  sólo la monarquía puede seguir heredando y dejando como legado familiar  los derechos y deberes que les corresponde ejercer dentro del sistema democrático de nuestro país.  Y, visto lo visto en los últimos tiempos, da la sensación de que su herencia se ha limitado a concentrarse en los privilegios, obviando todo lo demás (como dice un amigo mío, “hasta cuándo los Borbones”).

En fin.

Voy acabando. Cuando estaba en el instituto en Jerez, todos los años se organizaba un festival de teatro entre los centros: el “Histrión”. Recuerdo que fui a ver una obra de Max Aub en la que actuaba un amigo mío. El guión repetía una y otra vez la siguiente pregunta, que daba además título a la obra: “¿Qué has hecho hoy para ganar la guerra?”.

Años después la pregunta aún sigue en mi cabeza, y en momentos como los que ahora vivimos, no está de más hacérsela de vez en cuando. Porque todos los días encontramos frentes abiertos, situaciones de las que quejarnos, guerras que ganar.

Una marea a la que unirte.

Una manifestación a la que ir.

Una propuesta que firmar.

Tenemos derecho a quejarnos, pero también el deber de acompañar la queja con nuestra participación social y política en los ámbitos en los que creamos que debamos estar. Pero estar, hay que estar. Si es que creéis que tenéis razones para quejaros, claro. Porque el derecho, es indudable que lo tenéis.

Ahí lo dejo caer.

Un abrazo, Beatriz Bonete  

 

LINKS:

Marea Granate: Para las y los que estáis pensando en marcharos fuera y la gente que ya esté, aquí dejo información sobre la “Marea Granate” (Get involved!):

http://www.15mlondon.org/actions/llamamiento-a-todas-las-asambleas-internacionales-a-sumarse-a-la-marea-granate-de-los-emigrantes

https://www.facebook.com/groups/157830157728757/

Recomendación de cine: película de R. Guédiguian,  director de cine francés, que en esta película hace una reflexión magnífica sobre la evolución del compromiso social y político de una familia desde una perspectiva generacional.

Las Nieves del Kilimanjaro

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One Response to “GET INVOLVED”

  1. Antonio June 10, 2013 at 5:36 am #

    Estar hay que estar y tu debes contarlo.
    El otro día día te dije corazón de escritora, pero no es asi; tienes alma de escritora y el corazón de sentimientos y sensibilidades.
    Felicidades por el nuevo post.

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