THE HUNT

The HuntTHE HUNT

Hace ya algunos años. Madrid, 4 a.m.

Vuelvo a casa andando después de haber salido por el barrio de Lavapiés. La temperatura es agradable. Después de un día de calor de ciudad intenso, la noche da un poco de tregua y se está a gusto. Ando tranquila, un poco aún con la cabeza medio tocada por el alcohol ingerido (creo que no era garrafón… Creo), y contenta.

Es verano y me lo he pasado bien.

Comienzo a andar la calle Embajadores, dirección Santa María de la Cabeza, que es donde vivo. No veo a nadie por la calle, poco movimiento de coches, pero hay luz de farolas. Enciendo un cigarro y sigo andando.

De una de las calles anexas sale un chico, también andando, que sigue ahora mi mismo camino. No le he visto la cara- no le he mirado casi- pero lo escucho andando detrás de mí. Cerca. Empiezo a andar un poco más rápido. No por nada en especial. Bueno sí, por él.

Él también parece empezar a andar un poco más rápido. Yo aligero aún más el paso. Él también.

Mierda. Tiro el cigarro.

Sigo andando rápido y llego al final de la calle, a la glorieta. Cruzo casi corriendo. Ya estoy en mi calle. A dos minutos andando- a uno corriendo- del portal de mi casa.

El chico también ha cruzado y sigue andando rápido detrás de mí.

Mierda y mierda.

Voy sacando las llaves, alcanzo mi portal, abro la puerta. Entro y estoy cerrando cuando aparece el chico y sujeta la puerta, evitando que se cierre del todo. Yo empiezo a subir los escalones en dirección al ascensor.

–          Hey…Hola

–          ¿Hola?

–          Oye, que no te iba a hacer nada.

–          Eso yo no lo sé.

–          Joder. No te iba a hacer nada.

–          Eso yo no lo sé.

–          No tenías porqué correr.

–          Tú no tenías porqué correr tampoco (detrás de mí).

–          ¿Me has visto mala pinta o qué? (sonríe)

–          No, sólo he visto que ibas detrás de mí.

–          A lo mejor es porque vivo aquí.

–          Eso yo no lo sé.

–          No, no vivo aquí (sonríe) Es que quería decirte que…bueno, que no quería asustarte.

–          Vale, gracias (¿gracias???). Bueno tío, buenas noches.

¿Qué hago? ¿Cierro la puerta o sigo subiendo las escaleras? Paso de cerrar, paso de acercarme. Sigo subiendo.

–          ¡Oye! No te vayas, espera. Me llamo Marcos.

–          ¿Perdona?

–          ¿Y tú?

–          Yo me quiero ir a casa. Chao.

–          ¿No nos tomamos la última?

–          ¿Perdona?

–          Mira, ahí enfrente hay un bar abierto.

–          Claro, es un puticlub.

–          Ostias (se ríe).

Ya casi estoy en el ascensor y él sigue en la puerta apoyado.

–          No te tomas la última entonces.

–          Mira tío, ahora sí.

–          Ahora sí, ¿qué?

–          Ahora sí que me asustas.

Abro la puerta del ascensor, me monto y subo. Lo poco que me quedaba de alcohol rondando por mi cabeza se ha disipado (o lo he transpirado, más bien).

Llego a casa, abro la puerta. Entro en casa y cierro.

Pienso que a lo mejor me he montado la película, que no era para tanto… ¿no? Que no ha pasado nada. Que no me iba a hacer nada.

Pero claro, yo eso no lo sabía.

Nunca lo sabes.

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Este relato está basado en hechos reales y por tanto los nombres de las calles, así como el del chico, son nombres auténticos.

(Y porque no me dio los apellidos…)

Post relacionado (en este mismo Blog): MISEDUCATION…o miedo y asco en San Fermines

 

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