GET INVOLVED

10 Jun

Jerez-calle larga 14N Queridas alumnas, queridos alumnos,

Espero que a la presente estéis bien.Yo, desde Londres, también estoy bien.

Podría decir “estoy bien “y añadir eso de “no puedo quejarme”, que es una expresión de la que se tira mucho últimamente. Porque dadas las circunstancias (económicas, laborales, etc.), motivos hay para quejarse, pero a veces se tiende a utilizar esta coletilla por varias razones, creo yo:

  • Por un intento de reflejar una actitud estoica ante la vida de que “ya me pueden echar lo que sea, que yo no me quejo”.
  •  Porque la queja no siempre es bien recibida. Algunas personas se cansan, se desaniman si escuchan quejas, se alejan…porque “si es que está todo el día quejándose”.
  •  Porque te invade una sensación de derrotismo, a veces incluso antes de empezar a pelear, llegando a la conclusión (prematura) de que “quejarse para qué”.
  • Por pensar que hay gente que está peor que tú, y por tanto, “tal y como está el patio, no tengo derecho a quejarme”.

“No tengo derecho a quejarme”.

Dejo aquí esta expresión, para retomarla un poco más adelante. Como veis, hoy la cosa no va de sociología…O sí. Depende, como siempre, de la posibilidad de análisis y aplicación que tenga lo que os voy a contar hoy en esta carta, que yo creo que posibilidades tiene muchas. Si queréis algunas categorías, antes de que os suelte la parrafada, os puedo adelantar que hoy la cosa va sobre movimientos sociales, y participación social y política.

Hoy la cosa va de quejarse.

Empiezo por las ramas, contando que el otro día vi “Lo imposible”, la película de J. Bayona que relata la historia de una familia que sobrevivió al tsunami que arrasó  la costa del Sudeste Asiático en 2004. La película está basada en una historia real de lo que le ocurrió a una familia española que en esos momentos se encontraba en Tailandia de vacaciones. Recuerdo que leí una crítica a la película, que venía a decir que era una perspectiva muy egoísta (occidentalmente egoísta) el centrarse sólo en lo que le sucedió a esta familia, cuando las consecuencias humanitarias del tsunami en esa zona fueron catastróficas. Sobre todo, como siempre, para las personas autóctonas que, además de perder a familiares, perdieron sus casas, sus medios de vida… Todo.

Cierto.

El director respondió que bueno, él quedó muy impresionado cuando supo de  la historia de esta familia, y cómo todos sus miembros (padre, madre, tres niños) habían logrado sobrevivir a tamaña catástrofe. Y quiso contarla como una historia particular de supervivencia en una situación extrema. Lo que no significa que no le importara ni que quisiera obviar a las demás (miles) de víctimas del tsunami.

Cierto también.

Al terminar de ver la película y recordar esa pequeña polémica que trajo consigo su estreno, hice un pequeño ejercicio de trasladar el significado real de la crítica, que no era una crítica de cine, sino una crítica social, al contexto en el que ahora nos movemos. Es decir, la crisis. Otra situación extrema, también con efectos devastadores a nivel humanitario.

Y me preguntaba: si yo quisiera hacer una película sobre la crisis, ¿en qué me centraría? En vista de que en cine, por motivos de tiempo y dinero, nunca se puede contar todo ni hablar de todo, ¿qué situación social querría contar por encima de otras? ¿Contaría aquello que más me afecta a mí? ¿Significaría eso que resto importancia a otras situaciones que, con toda probabilidad, soportan circunstancias de vida más complicadas y difíciles que la mía?

¿ Hubiera sido “alargar mucho la película” que la familia, superadas las heridas y el trauma, se hubiera involucrado de alguna forma con el resto de víctimas que no tuvieron la suerte de ser rescatadas como ellos?

“Tener derecho a quejarse”. Retomo la frase, la expresión. Tenemos derecho a quejarnos,y de hecho, en momentos como los que estamos viviendo ahora, es un derecho y un deber. Eso sí, la queja tiene que estar acompañada de algún tipo de actuación constructiva encaminada a intentar resolver la situación en la que nos encontramos, y de la que nos quejamos. Vivimos en una democracia, lo que implica, que hay muchas maneras de mostrar que no estamos conformes con ciertas situaciones. La más conocida, pero también la menos recurrente (sólo es cada 4 años), y también la que peor publicidad tiene ahora, es el derecho al voto. Pero existen también muchas otras maneras, muchos otros cauces, con los que expresar la queja, la indignación, ante una determinada realidad que nos toca de cerca, o ante una realidad que nos mueve por algún motivo a eso: a quejarnos, a indignarnos.

Varios puntos en relación a esto:

1-Quejarse una misma con una misma no es sano para la salud (mental). Quejarse sólo con amistades y familia, no es bueno para la vida (social). La queja tiene que ser colectiva para que llegue a buen puerto. Es decir: para que se oiga, se visibilice, aparezca en un telediario, en un periódico o en un debate. En la agenda política de los partidos. En comunicados y pancartas de movimientos sociales. Sobre todo, porque en la gran mayoría de los casos, la situación de la que quieres quejarte no es una situación particular que sólo te atañe a ti, sino que afecta también a otras personas.

2-La colectividad de la queja, llegado a un punto, requiere también de un grado de organización que va a variar dependiendo de cómo evolucione  el movimiento que esa misma colectividad vaya generando. Para organizar a la gente, y organizar las quejas (cómo encauzarlas, cómo transmitirlas y hacerlas visibles),  es imprescindible dedicar una parte de tiempo personal que va a depender, fundamentalmente, del grado de implicación que cada una y cada uno decida tener, pero también de la propia experiencia previa que se tenga en este tipo de actuaciones. Es usual, por tanto, que en los núcleos organizativos de estos movimientos, se encuentre gente que ya cuenta con un bagaje anterior en participación social y política, que promueve y orienta estas dinámicas de participación (organización de protestas, otras actuaciones, asambleas, etc.) y puede integrarlas en su tiempo personal de forma más “natural”.

3-Por último, es necesario, y también útil, adquirir una perspectiva integral de la queja. ¿Qué quiero decir con esto? Que las protestas sociales no pueden ser el equivalente al “yo he venido aquí a hablar de mi libro”. Es importante entender las conexiones que tienen los movimientos sociales con la esfera de lo político, y también entender las propias interconexiones que existen entre los propios movimientos. Porque como podemos ver en el contexto actual, las soluciones a un determinado problema o situación implican un cambio social también integral del propio sistema político y económico (complejo, pero no imposible).  Esto que supone que es importante adquirir conciencia de la necesidad de establecer sinergias, lugares de encuentros, espacios en los que compartir las protestas y movilizaciones, para poder alcanzar el cambio.

Por tanto la queja, en una democracia, es un derecho. Y cuanto más lo ejerzamos a través de la participación, social y política, en movimientos, en partidos políticos, asociaciones o colectivos, más lo iremos integrando como lo que es: un derecho de ciudadanía, pero también, un deber. Sobre todo, en relación con aquellas personas que tienen menos posibilidades para movilizarse. Algunas que ni siquiera pueden llegar a formular y emitir su queja.

Los derechos y deberes, en democracia, no se heredan, sino que se aprenden y se practican – de ahí el acierto en desarrollar una asignatura en los centros educativos que se llamara, efectivamente, “Educación para la ciudadanía”-. Porque los derechos y deberes no los heredamos por vía familiar, como se pueden dejar en herencia propiedades, recetas de cocina, o hipotecas. De hecho, como está ocurriendo en el ámbito laboral, estos derechos podemos incluso perderlos de generación en generación (como hija de sindicalistas, sé de lo que hablo).

A día de hoy, que yo sepa,  sólo la monarquía puede seguir heredando y dejando como legado familiar  los derechos y deberes que les corresponde ejercer dentro del sistema democrático de nuestro país.  Y, visto lo visto en los últimos tiempos, da la sensación de que su herencia se ha limitado a concentrarse en los privilegios, obviando todo lo demás (como dice un amigo mío, “hasta cuándo los Borbones”).

En fin.

Voy acabando. Cuando estaba en el instituto en Jerez, todos los años se organizaba un festival de teatro entre los centros: el “Histrión”. Recuerdo que fui a ver una obra de Max Aub en la que actuaba un amigo mío. El guión repetía una y otra vez la siguiente pregunta, que daba además título a la obra: “¿Qué has hecho hoy para ganar la guerra?”.

Años después la pregunta aún sigue en mi cabeza, y en momentos como los que ahora vivimos, no está de más hacérsela de vez en cuando. Porque todos los días encontramos frentes abiertos, situaciones de las que quejarnos, guerras que ganar.

Una marea a la que unirte.

Una manifestación a la que ir.

Una propuesta que firmar.

Tenemos derecho a quejarnos, pero también el deber de acompañar la queja con nuestra participación social y política en los ámbitos en los que creamos que debamos estar. Pero estar, hay que estar. Si es que creéis que tenéis razones para quejaros, claro. Porque el derecho, es indudable que lo tenéis.

Ahí lo dejo caer.

Un abrazo, Beatriz Bonete  

 

LINKS:

Marea Granate: Para las y los que estáis pensando en marcharos fuera y la gente que ya esté, aquí dejo información sobre la “Marea Granate” (Get involved!):

http://www.15mlondon.org/actions/llamamiento-a-todas-las-asambleas-internacionales-a-sumarse-a-la-marea-granate-de-los-emigrantes

https://www.facebook.com/groups/157830157728757/

Recomendación de cine: película de R. Guédiguian,  director de cine francés, que en esta película hace una reflexión magnífica sobre la evolución del compromiso social y político de una familia desde una perspectiva generacional.

Las Nieves del Kilimanjaro

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DO THE RUBBISH

30 May

OLYMPUS DIGITAL CAMERAQueridas alumnas, queridos alumnos,

Espero que a la presente…sigáis bien. Hoy me gustaría contaros algo más técnico, y menos teórico acerca de nuestra profesión como sociólogas y sociólogos, y de algunos aspectos que comporta el ejercicio de esta profesión.

En realidad, me gustaría hablaros del trabajo, en general. Partiendo de lo que es ahora mi trabajo, en particular. Os cuento.

Mi primer día en la tienda, entre mi jefe y mis compañeros me fueron explicando en qué consistían mis funciones, de qué me tocaba ser responsable. Ser dependienta de tienda no sólo implica la atención al cliente, que ya es una tarea compleja de por sí (por la amplia variedad de clientela que tenemos, como os conté en el anterior post IF IT FITS). En la tienda además, hay que encargarse de tareas relacionadas con la mercancía que llega y que hay que meter y organizar en el almacén, así como tareas de mantenimiento, tanto de lo que se ve (escaparates, estantes con la ropa, maniquíes), como de lo que no se ve (el espacio en el que comemos, el baño, el despacho del jefe).

Estas tareas además, siguen un determinado orden, de forma que se estandarizan los procesos haciendo que si, por ejemplo, en algún momento alguno de mis compañeros tiene que ausentarse, o dejar algo a medias, cualquiera de nosotras puede continuar su tarea porque sabe exactamente qué se ha hecho anteriormente y qué queda por hacer.

Llevándolo de nuevo a nuestro terreno (sociológico), lo de fijar procesos y tareas no es más que adaptar un modelo de organización por “etapas”, al igual que, por ejemplo, hacemos cuando vamos a comenzar un proyecto de investigación. Sabemos que hay una serie de fases que hay que hilar, y seguir como son las de pensar el objeto de estudio e identificarlo (queremos estudiar esto, y no lo otro; queremos estudiar hasta aquí y no más allá); establecer un diseño metodológico de cómo vamos a abordar el estudio; establecer una agenda de trabajo de campo; luego un plan de análisis de los datos que se recojan; elaborar el informe de conclusiones/resultados y, por último, organizar algún tipo de evento para su difusión en el que, si hay presupuesto, siempre queda muy bien, y anima mucho la asistencia que se termine con un “vino y aperitivos”.

Aunque sean aceitunas nada más.

Estos son, en términos generales y teóricos, los pasos que se dan para llevar a cabo una investigación sociológica. Luego, hay que tener en cuenta, que durante el transcurso de la misma, es posible que tengamos que retomar algunas de las primeras fases, porque como ya os he comentado anteriormente, en investigación social, trabajamos con/sobre/por y para personas. Por lo que siempre es buen mantener una actitud abierta a cualquier cambio o imprevisto que pueda surgir y que podamos incorporar a nuestro plan de actuación sin que sintamos que volvemos a la casilla de salida.

Obvia decir que esto no siempre es así, y que en ocasiones, en algunas investigaciones “formales”, los procesos se estructuran más por partes, que por fases. Y entonces nos encontramos con repartos de tareas a veces convenientes, a veces absurdos, en los que uno se encarga de una cosa, otro de otra, y tú pasas el Pronto, y yo el paño. Y ala, corta, pega, limpia, fija y da esplendor que vamos que no llegamos.

Más o menos como a veces pasa en la carrera cuando os ha tocado hacer un trabajo en grupo… A la cárcel vais a venir a robar…

En fin, que esto de los procesos no sólo se da en investigación social, claro. Si estáis familiarizados con la expresión “ciclo del proyecto” que llevan a cabo, por ejemplo, las ONG´s, veréis que la filosofía es la misma. Se siguen etapas que van desde el planteamiento de objetivos del proyecto, pasando por su diseño, identificación de personas a las que vaya a beneficiar, implementación y, por último, la evaluación del proyecto, que siempre es conveniente poder añadirla como etapa última del “ciclo”.

Y, de nuevo, si sigue habiendo presupuesto, terminar con su correspondiente evento/jornada/taller o seminario de difusión con vino y aceitunas.

No por beber y comer, sino por aquello de hacer contactos, networking y demás…Claro.

Todo esto de las etapas, ciclos, y procesos, siempre me ha recordado a mi primer trabajo en una ONG – no como voluntaria, no como becaria, no como prácticas, sino que cobraba, estaba de dada de alta y vivía de ello (de verdad)-, y la que fue mi primera jefa (“coordinadora” en el argot oenegero). Ella cuando joven había regentado un bar muchos años, por lo que utilizaba una teoría basada en su experiencia allí, para explicarnos  porqué las tareas que hacíamos tenían un orden, que era necesario seguir y respetar.

Ella hablaba de la “teoría de la coca-cola”.

Y esta teoría, sostiene que, si trabajas en un bar, para que puedas servir una coca-cola al cliente que te la pide, antes has tenido que completar una serie de tareas como son, entre otras: revisar el almacén, saber qué falta, hacer el pedido, saber cuánto suele tardar que lo traigan, que llegue y lo coloques en el almacén pero también en la nevera, etc…Todo para que cuando un cliente diga “una coca-cola, por favor”, tú tengas la certeza de que hay, y se la puedes servir.

Y marchando. ¿Con hielo o sin hielo?

Volviendo a mi trabajo en la tienda, resulta, que al terminar mi primer día de trabajo, mi jefe me anunció cuál era la última tarea que yo, como dependienta, tenía que hacer al final de la jornada:

-“Beatriz” (no lo pronuncia así, claro)- “it´s time to do the rubbish”.

-“Time to do what??”

Y entonces me explicó que al terminar el día, hay que vaciar todas las papeleras y basuras de la tienda, poner bolsas nuevas en cada una de ellas. Y después coger las bolsas e ir a la parte trasera del edificio, donde están los contenedores en los que otras tiendas y empresas del edificio tiran también su basura.

Esa era mi última tarea del día.

Y, claro, no pude dejar de pensar (¿se puede dejar de pensar alguna vez?), en el simbolismo que encierra la frase “do the rubbish”, literalmente en castellano: “hacer la basura”. Y en lo importante que es entender, que no hay “trabajos basura”, sino que la basura reside siempre en las condiciones en las que se tengan que realizar determinados “trabajos”, por llamarlos de alguna manera. Es decir, cuando se trata de condiciones precarias, y en muchas ocasiones ilegales (en el caso de España, algunas condiciones rozando la inhumanidad, pero legales, gracias a la reciente Reforma Laboral).

Y, la verdad, to be honest, lo de “hacer la basura” en este trabajo no es algo que me incomode, ni mucho menos. Porque es parte de las funciones que engloba este trabajo. Porque significa que estoy activa y trabajando. Porque sé que el día 29 de cada mes cobro lo que me han dicho que voy a cobrar. Y no menos (tampoco más). Y nunca después (tampoco antes). Porque sigo conectada con el mundo, y no en mi casa pensando, ya sabéis…” ¿y ahora qué?”. Porque es bueno, es importante, estar en el mercado laboral, desde donde se pueda, desde donde os dejen y os podáis permitir.

Y porque siempre después de “it´s time to do the rubbish”, viene “it´s time to go home”.

Time to go home…

Quizás dentro de poco tiempo, quizás dentro de más…

Pero por ahora… sigo en Londres.

Un abrazo y de nuevo suerte con vuestros exámenes y trabajos. Que ya queda menos.

Beatriz Bonete

 

LINKS:

Recomendación de libro: “Teoría Sociológica Contemporánea”, escrito por  Lídia Puigvert, Ramón Flecha y Jesús Gómez, en Editorial Paidós. Un libro muy muy básico que explica de forma sencilla las teorías sociológicas contemporáneas seguidas de ejemplos prácticos y cotidianos.

Recomendación de cine: en este link, podéis encontrar un programa de Días de Cine, emitido en 2010, que ofrece un recorrido por películas que abordan el tema del trabajo. Destaco, como recomendación personal, un clásico como es “Tiempos Modernos”, de Chaplin; “Las Uvas de la Ira”; de John Ford; “Arcadia” de Costa-Gavras y  barriendo pa´ dentro (bueno, pa´ España, que yo ahora estoy fuera), “Los Lunes al Sol”, de Fernando León.

IF IT FITS

20 May

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Queridas alumnas, queridos alumnos,

Espero que a la presente estéis bien. Empiezo esta segunda carta, con esta frase en inglés de “if it fits”, que puede traducirse como ”si se ajusta”, “si encaja”.

Puede que os suene, porque la utiliza una compañía de vuelos low-cost, de cuyo nombre no voy a hacer aquí publicidad. Es la frase de la caja en la que los pasajeros tienen que meter el equipaje de mano que la compañía permite introducir en el avión sin coste adicional. Suele aparecer siempre acompañada de cierto movimiento colectivo en la fila de personas que esperan para embarcar, cuando la gente comienza a abrir las maletas, ponerse chaquetas y abrigos y/o meterse cosas en los bolsillos.

Todo sea por hacer que la maleta encaje. Porque “if it fits”, no pagas.

Esta frase tan popular como difícil de pronunciar a la primera, me va a servir para contaros con un ejemplo práctico como abordar una investigación sociológica, cuando queremos obtener información sobre un determinado grupo de población.

Como os comentaba en la primera carta, ahora trabajo en una tienda que vende trajes de chaqueta, corbatas y camisas. Todo lo que forma parte de un atuendo “formal” para las personas que trabajan en la City de Londres (uno de los distritos financieros de la ciudad), en empresas dedicadas al sector de inversión y finanzas. La clientela que acude a la tienda está, por tanto, definida de primeras por la propia ubicación de la tienda, y por el tipo de ropa que vende.

Pongámonos en el caso de querer conocer más a fondo a esta “población” de clientes, y establecer perfiles que nos puedan dar más información sobre ella. Para ello, sería necesario diseñar una investigación para la que tendríamos que contar con, por ejemplo, una encuesta, en la que se preguntara a cada una de las personas que entra diariamente en la tienda información sobre su edad, estado civil, donde trabaja, qué puesto ocupa en la empresa, etc… Como esa tarea puede llevarnos mucho tiempo, y tampoco quedaría nada bien, ni a mi jefe le haría mucha gracia, que me pusiera a interrogar a todo el que entra por la puerta, la mejor forma de hacerlo es obteniendo una “muestra”. Es decir, hacer una selección de personas que puedan ser representativas del conjunto total de clientes de la tienda.

Pongo ahora un ejemplo un poco rústico pero muy práctico de cómo he obtenido esta “muestra”.

En la tienda, al lado de la caja registradora, hay un buzón en el que los y las clientes pueden dejar su tarjeta, de forma que se le puedan hacer llegar información sobre las nuevas colecciones y ofertas que van saliendo. Así que me acerco al cajón y cojo de forma aleatoria (y sin mirar) 20 tarjetas de clientes. Reconozco que el método de extracción tiene más de concurso de televisión que de fiabilidad estadística, pero para lo que aquí nos ocupa, aceptamos barco.

La información que aparece en la tarjeta ofrece datos sobre nombres y apellidos de clientes, la empresa para la que trabajan, y el puesto que ocupan. Dado que los datos personales tienen que quedar en el anonimato, y que yo quiero seguir conservando mi puesto de trabajo (y mi honestidad como socióloga), os remito aquí sólo los puestos de algunas de las tarjetas que he sacado: “Group Strategic Manager”, Associate Partner”, “Strategic Planner”, “Foreign Exchange Director – Client Service”, “Senior Consultant”,”Technical Assistant”, “Accounting and Financial Sales Director”, “Analyst”…

Pues bien, a partir de esta información, ya puedo tener una primera idea del tipo de clientela que acude a la tienda:

1- Confirmo, por las direcciones, que la mayor parte de la clientela está ocupada en el sector inversión-finanzas de compañías ubicadas en la City.

2- La clientela parece tener un perfil medio-alto en lo que respecta a los puestos en los que trabajan. No hay ninguna tarjeta de “juniors”. Y aunque hay “directors”, no he encontrado ningún “president” o “vice-president”.

3- Sólo he sacado una tarjeta con nombre de mujer. Su puesto es el de “technical assistant”.

De esta manera tenemos una configuración de perfiles, de carácter exploratorio, claro está, pero que puede ser útil como fase inicial de aproximación. Una segunda fase podría ser la de averiguar los comportamientos de la clientela, en relación a su consumo. Para ello, sería interesante también, introducir algún tipo de técnica cualitativa, o técnica de observación.

Con mi observación participante como empleada, puedo aportar esta información cualitativa sobre los distintos perfiles de la clientela. Pero, aunque ya a veces creo saber qué tipo de clientes es el que entra y como se va a comportar (éste es joven, acaba de entrar en la empresa y no se ha puesto un traje de chaqueta en su vida; éste me va a marear a preguntas, me va a desbaratar el cajón de las corbatas y al final no se va a llevar ná…), siempre te puedes equivocar.

Porque en investigaciones sociológicas trabajamos con poblaciones, muestras y perfiles que son…personas.

El problema es que a veces parece que los perfiles quieren obtenerse sin que medie esta labor de investigación previa. La demanda de información casi inmediata que  tenemos, sobre todo por parte de los medios de comunicación, hace que en muchas ocasiones se hable de un conjunto de población sin antes conocer las características reales de los perfiles de las personas que lo componen.

Pongo otro ejemplo. Hace un par de meses, me contactaron desde un programa de televisión. Una periodista estaba en busca y captura de jóvenes españoles, que ahora viven en el extranjero y que tienen que compartir habitación en lo que la periodista llamó “pisos pateras”. Yo le respondí que ahora mismo no conocía ningún caso de jóvenes que vivieran, en este caso en Londres, compartiendo habitación con más personas. Que puede que se dé el caso de que alquiles una habitación en una casa de estas grandes típicas inglesas, y que convivas en ella con cuatro, cinco, seis, siete y hasta ocho personas, y que cuando hables de la casa, parezca que te vas a poner a contar un chiste de los de “esto es un italiano, una griega, un alemán y una española”…

Pero de ahí a hablar de “pisos pateras”, hay un trecho.

¿Qué es lo que ocurre en este caso? Pues que para hablar de la gente joven que ahora se está marchando de España, al no tener suficiente información sobre sus perfiles, se “tira de archivo”, en este caso de fuentes secundarias, para asimilaros (encajarlos) o bien con la inmigración española a Alemania de hace años, o con la oleada de inmigrantes que España comenzó a recibir hace no tantos años, procedentes de Marruecos, Latinoamérica, Rumanía, etc…

Por supuesto, también lo que ocurre aquí es que hay más interés en mostrar un lado sensacionalista de estos perfiles, que en conocer la realidad de quiénes son los jóvenes que ahora se están marchando de España y porqué motivos lo hacen y en qué circunstancias.

En el programa que Carne Cruda dedicó a hablar sobre la emigración de jóvenes en España, Amparo González Ferrer, socióloga y demógrafa del CSIC, respondió a la pregunta sobre cuál podía ser el perfil de estos jóvenes, con un claro y conciso: “pues, para ser honesta, no lo sabemos”.

El principal fin de conocer perfiles, y tipos de población, es porque las investigaciones suelen tener un objetivo marcado. En el caso de las investigaciones de mercado es claro que lo que se busca es un definir un público objetivo para incentivar el consumo de productos. En el caso de las investigaciones sociales, lo que se persigue es conocer las características de una población, en relación a una situación social determinada (por ejemplo,jóvenes, en España, en situación de desempleo con carácter incierto-permanente-hasta cuándo), para la que se quieren diseñar determinados planes, programas, o políticas, que den respuesta a dicha situación.

En relación a esto, González Ferrer apuntaba lo siguiente en su colaboración en Carne Cruda:

Los medios ofrecen a veces una visión muy sesgada de quién puede ser el emigrante, y es algo que a mí y a muchos otros, como a “Juventud sin Futuro”, creo que nos preocupa porque no todos son ingenieros a los que han venido a buscarles grandes empresas con grandes salarios. Hay de todo, lo malo es que no sabemos cuántos, de qué tipo y esto es algo importante si se tuvieran en cuenta las cifras y la realidad para planificar las políticas en nuestro país”.

En investigación social, por tanto, el objetivo último no sólo es conocer las características y los perfiles de una población en relación con una realidad social, sino diseñar propuestas adecuadas que transformen esa realidad.

Esto conlleva toda una labor de investigación que implica una inversión de tiempo, dinero, y, por supuesto, interés en que se llegue a un conocimiento preciso de esa población, que oriente propuestas para que se produzca un cambio social.  Lo cual implica también mucho más tiempo, más dinero, y, en este caso, además, un compromiso a nivel político.

Se trata, en definitiva, de obtener información adecuada para promover el cambio, desde el conocimiento, porque de otra forma, lo que se hace es encajar sin conocer….y sin gastar, porque no no olvidemos que  “if it fits“, no se paga.

Y si no se paga, si no se invierte, lo único que veremos cambiar serán los titulares de los periódicos.

Y a veces, ni eso.

Aquí termino por hoy. Esperando que os haya servido esta segunda carta, os mando un abrazo,

Beatriz Bonete.

 

LINKS:

Artículo de Amparo González Ferrer en el Blog Piedras de Papel

En este texto se explican las razones por las que aún no pueden obtenerse datos fiables y precisos sobre los perfiles de jóvenes que deciden marcharse al extranjero, más allá de poder conocer el sexo y el país de destino.

Recomendación de cine: “Magic Town”. Película del año 1947 , dirigida por William A. Wellman y protagonizada por James Stewart (“Qué Bello es Vivir”) y Jane Wyman, sobre un “experto” en encuestas que cree haber encontrado la ciudad perfecta en EEUU, en la que sus habitantes parecen cumplir con el “perfil de ciudadano americano medio”.Son los primeros años de las macro-encuestas sobre opinión pública en EEUU.

CARTA A MIS ALUMNAS Y ALUMNOS DE SOCIOLOGÍA……o de cómo gano más dinero vendiendo camisas en Londres que cuando os daba clases en la Universidad.

13 May

Atenas

Queridas alumnas, queridos alumnos,

Espero que a la presente estéis bien. Por las fechas en las que nos encontramos, ya cercanas al mes de junio y final de cuatrimestre, supongo que estaréis en plena preparación de exámenes finales y entrega de trabajos. Os deseo suerte y ánimo, este curso más que nunca, porque es vuestro último año de carrera, de grado.

Supongo que ya durante este año habréis experimentado a veces una sensación extraña, ante la inminente llegada de vuestra titulación. Una sensación que básicamente se resume en la frase: “¿y ahora qué?” y que ya el año pasado, cuando os di clase, noté como en algunas y algunos empezaba a entraros con anticipación. No tenéis que preocuparos por sentiros así. Es normal experimentar un poco de vértigo al terminar la carrera. Y es normal también, si tenemos en cuenta el contexto en el que ahora estamos.

Sobre todo, parece que para las personas que optamos por estudiar disciplinas enmarcadas en las ciencias sociales, se nos complica (aún) más el asunto. No quiero mentiros, la cosa está regular. Pero tampoco quiero hundiros. Ni se me ocurriría. Porque si os hundís vosotras, vosotros, me hundo yo. Y se hunde mucha gente. El barco entero. Y tampoco arreglamos nada con eso. Sois jóvenes y con una licenciatura para estrenar. Así que aprovechad el potencial y las ganas. Sobre todo las ganas.

No sé si queréis hacer un máster (uno de estos oficiales, que Bolonia ha convertido en un año más de la carrera a un no-módico precio), que os dará contactos y ampliará la perspectiva demasiado teórica de la que aún adolece nuestra carrera. No sé si queréis iros fuera. Fuera al extranjero. Es una opción y no seríais los primeros. Ni los segundos.

De hecho, yo misma ahora os escribo desde Londres, donde vivo desde hace ya cuatro meses.

Decidí venirme por esos motivos comúnmente conocidos como son el de mejorar el inglés, buscar trabajo…MIENTRAS O HASTA (estas preposiciones son muy importantes para la gente que ahora se está yendo del país, de ahí las mayúsculas) que las cosas vayan mejor, o surja alguna oportunidad de empleo en España.

La verdad es que por aquí se me acababan los frentes en los que pelear por encontrar no ya un trabajo, sino un proyecto, una colaboración. Un hueco en la universidad para seguir dando clases. Algo. Se me acababa el dinero y con él mi autonomía económica. Y se me acababa la paciencia también. No soy buena para quedarme y esperar a que algo suceda…desde casa de mis padres.

Por supuesto, soy consciente de que me he ido porque puedo, no es tan fácil marcharse a vivir fuera. Fuera todo es caro. Fuera todo es más difícil. No es llegar y pegar. La crisis no sólo se deja sentir en España. Está aquí también y se nota, sobre todo a la hora de buscar trabajo. Cualquier tipo de trabajo.

Yo he tenido suerte y no he tardado mucho en encontrar uno como dependienta en una tienda. Es una tienda ubicada en la City de Londres, en la que se vende ropa llamémosla “formal”. Camisas, corbatas, trajes de chaqueta y demás complementos del típico “atuendo” de la gente que trabaja en esta zona.

Y por ahora, va todo bien. Bien de ánimos, bien de salud y no demasiado mal de libras. Y aprendiendo, sobre todo. Porque trabajando en una tienda se aprende. Es un nuevo mundo para mí, he de deciros. Un nuevo mundo también con el que aprender desde la sociología.

Me refiero a la sociología que ponéis en práctica todos los días, en el momento en el que aplicáis lo que sabéis a cualquier situación en la que os encontráis. Cuando una es socióloga por vocación, no puede desprenderse de la manía de analizarlo todo por donde quiera que vaya. Pero es una manía muy útil para mantenerte en forma sociológicamente hablando. Sobre todo cuando no puedes ejercer a nivel laboral, por el momento.

En la carta os llamo “mis alumnas y alumnos”, pero tengo que ser honesta con esto, tampoco me quiero tirar el rollo de la “profesora” que no fui. Os di clases pero pocas. Sólo una parte de una asignatura, en el primer cuatrimestre como “profesora sustituta interina” (aplicando la terminología burocrática-académica), que básicamente se define como “la última que llega cuando hay hueco, y la primera que se va cuando hay crisis y recortes”.

Y ahora os escribo desde Londres, claro.

Así que os envío estas palabras, entre otras cosas también, para animaros. El ambiente, desde luego, no propicia estar optimista, eso lo sé, pero mantener el ánimo es importante. Cuestión de dignidad casi os diría. Vais a tener muchas oportunidades de poner en práctica vuestra sociología. Quizás no en los ámbitos en los que habríais imaginado que trabajaríais…Por lo menos al principio. Ahora. Pero os aseguro que estéis donde estéis podéis hacer sociología y darle utilidad a todo lo que habéis ido aprendiendo en estos años de universidad.

Eso es lo que pretendo hacer a partir de esta carta, que será la primera de muchas en las que voy a intentar daros referencias para que podáis practicar vuestra profesión donde quiera que estéis. En mi caso, mi tarea consistirá en hacer sociología de lo que supone vivir en una nueva ciudad, un nuevo país…

Y, por supuesto, de mi trabajo en la tienda, completamente diferente y ajeno a lo que hacía en España (me refiero a cuando trabajaba como investigadora y practicaba la sociología como profesión y no hacía sociología por mi cuenta, trabajando como dependienta).

Podéis llamarlo sociología de la vida cotidiana, sociología de las migraciones, sociología internacional. Como queráis. Ya sabéis que esto de categorizar a veces es algo difuso, pero en ciertas ocasiones (sobre todo para saber dónde buscar libros en la biblioteca, o artículos en Internet), facilita mucho el trabajo. Para mí supone también un compromiso, de escribiros e intentar ofrecer análisis interesantes de las realidades con las que me voy encontrando.

Desde luego, he de confesaros, que además de un compromiso es, para mí, la justificación perfecta para seguir ejercitando, mi profesión como socióloga y, también, modestamente, mi labor como docente, con vosotras, con vosotros.

Y de paso, claro, justificar ese hueco en mi CV, que tanto parece penalizar el mercado laboral, cuando estás un tiempo fuera de lo que es trabajar “de lo tuyo”. Así que aquí estaré escribiendo y haciendo sociología de Londres, para llenar el hueco…

Filling the gap, you know…

Un abrazo,

Beatriz Bonete

PD1: Lo reconozco, la frase de “o de cómo gano más dinero vendiendo camisas en Londres que cuando os daba clases en la Universidad” ha sido puesta a propósito por aquello de hacer un poco de ruido….Pura estrategia de “marketing”… Pero también una verdad como un templo.

PD2: Por eso os escribo desde Londres.

 

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