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FALSE FRIENDS

15 Oct

False friendsUna de las primeras cosas que aprendemos en clases de inglés es a saber distinguir los llamados “false friends”. Es decir, esas palabras que se escriben de forma muy parecida a cómo las escribimos en castellano, pero que tienen un significado diferente. Así por ejemplo, aprendemos bien pronto que  “library” no es librería, sino biblioteca, y que para comprar libros es mejor ir a una “book shop”.

Además de los “false friends”, en clases de inglés nos adentramos en el apasionante (e infinito) mundo de los “phrasal verbs”, que son esas combinaciones de verbos+preposiciones  que hacen que un verbo varíe o modifique su significado dependiendo de las preposiciones que le acompañen. No quiero ni acordarme  de la lista que nos pasó uno de mis profesores de inglés, en el instituto. Tres hojas completamente llenas de de estos “phrasal verbs“, un número interminable de ellos, listados uno detrás de otro, sin ningún orden ni sentido aparente.

Lo más extraño del mundo, pero también lo más perverso, es como en España pasamos años y años aprendiendo a reconocer “false friends”, memorizando “phrasal verbs”, y mil historias gramaticales más para al final bajarnos del vuelo en Stansted, que nos digan cuatro cosas nada más aterrizar y empecemos a sudar : “¡Qué ha dicho!, ¡Qué ha dicho!” ,“¡Yo que sé, es que ha hablado muy rápido!”, “¿Pero tú no eras el que se había sacado el First?”

Saber inglés- y esto es no sólo estudiarlo, sino conocer y utilizar el idioma-  nos permite muchas cosas, entre otras:

  • A no sentirnos pequeños ni indefensos cuando viajamos a otro país porque no sabemos comunicar qué necesitamos, quiénes somos, o a dónde queremos ir (de dónde no hace falta, saben que somos españoles, seguro).
  •  A no sentirnos frustrados cuando estamos con gente de otros países y no somos capaces de comunicar lo que pensamos sobre un tema (no sé si alguna vez habéis estado apuntados a clases de inglés, y habéis podido comprobar que cuando toca hablar en grupo sobre un tema “random”, el que más posibilidades tiene de “ganar” la discusión no es el que más sabe del tema en concreto, sino el que mejor habla inglés).
  • A entender que el inglés es un idioma común, un idioma de encuentro para muchas personas, incluso para aquellas que hablamos idiomas que provienen de la misma raíz, como el italiano o el portugués. Al final, si estamos con gente de Italia o Portugal, terminaremos hablando inglés, y sólo recurriremos a nuestro idioma si no sabemos expresar algo concreto, o desconocemos como se dice una palabra, pero no para intentar mantener una conversación cada una hablando “lo suyo”.
  • A dejar de preocuparnos por pronunciar o no pronunciar bien (que a veces parece que es que o tenemos que hablar un inglés de Oxford o no podemos hablar nada de nada), para dar paso a la importancia de ser capaces de formar frases, de captar y transmitir expresiones que  te acercan más a la utilidad en contexto del idioma. La pronunciación es importante, pero no hay que dejarse abrumar por un acento que vamos a tener sí o sí, dada la diferencia en sonidos y fonemas que tienen el inglés y el castellano.

Nuestra historia de amor y odio con el inglés no es nada nuevo, aunque sí es algo que estamos superando. Me alegra ver que ahora en los colegios se pone mucho más interés y empeño en intentar cambiar la dinámica de aprendizaje que tan pobres resultados nos ha dado a generaciones anteriores, y que ahora parece que va integrando más el inglés en el currículum escolar sin ese lastre histórico reminiscente de un tiempo en el que fuimos un país cerrado al mundo.

Porque no creo que haya otra explicación posible para entender el problema “nacional” que existe respecto a nuestra forma de aprender inglés como se debe aprender un idioma, que el remontarnos a una época en la que en España estábamos obligados a no mirar de puertas para afuera. Las dictaduras son injustas, peligrosas, y absurdas, pero también muy catetas.

Ya ha llovido desde entonces, afortunadamente, y poco a poco va calando la idea de que el inglés no es sólo una asignatura a aprobar, una referencia en el CV, o un examen que hay que hay que superar (y pagar),  sino una herramienta de apertura a otras realidades, de encuentro con otras personas de otros países.

En definitiva, una herramienta de conocimiento y comunicación.

 

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PD: Claro que tengo que mencionar aquí a la alcaldesa de Madrid y su discurso en inglés promocionando la ciudad como sede de los Juegos Olímpicos. En relación al contenido de ese discurso, enlazo aquí un artículo muy interesante sobre la verdadera razón por la que los Juegos Olímpicos no se celebrarán en Madrid, y que poco tienen que ver con que si el inglés de Ana Botella era malo (que lo era), o si el discurso estaba repleto de tonterías (que lo estaba), sino lo poco que éste tenía que ver al final con el compromiso de Madrid como capital, y de España como país, con el deporte.

El sueño olímpico y la brecha deportiva