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PEOPLE PERSON

21 Jun

People I

Queridas alumnas, queridos alumnos,

No puede una evitar al escribir estas cartas (este blog), recordar muchas cosas de cuando era yo la que estaba estudiando la carrera de sociología. Recuerdos sobre clases,  trabajos, las primeras presentaciones en clase, el mes de junio estudiando-pensando en el verano-estudiando, las teorías sociológicas que aprendías, soltabas en el examen, y ahí se quedaban. Y también las teorías que aprendías, no soltabas nunca, y marcaban un antes y después en tu forma de mirar el mundo.

En tu forma de estar en él.

Por supuesto, también recuerdo a las profesoras y profesores que me dieron clase. Tuve de todo, claro, calificables del 1 al 5 en una escala en la que 1 es igual a profesor malo o muy malo y 5 es igual a muy bueno o excelente. A aquellas y aquellos que me dieron clase y que puntuaría de 4 para arriba,  contribuyeron (y ahora me doy mucha más cuenta de ello) a orientar y configurar la que es a día de hoy mi trayectoria profesional…e incluso personal. Fue gente de la que aprendí muchísimo, y no sólo de sociología.

Esto era una de las cosas que pensaba (y que más nerviosa me ponía), cada vez que entraba en el aula el año pasado para daros clase con el propósito de intentar sumar  “algo”a vuestra formación como potenciales sociólogas y sociólogos. Porque ya de paso, por qué no, también ambicionaba poder sumar  a vuestro aprendizaje como personas.

Porque también se trata de eso, ¿no? La docencia, me refiero. O por lo menos, lo que ha sido mi experiencia. El profesor o profesora que ha sumado en mi vida, es porque ha ido más allá de los “contenidos” de la materia que a él o ella le tocara impartir, y a mí escuchar.

Aprender, enseñar…

Chiquita tarea.

Tremenda responsabilidad.

Pues bien, estos días he estado recordando a uno de estos profesores, que yo calificaría de 5 (es decir, muy bueno-excelente), que me daba la no menos curiosa y compleja, asignatura de Sociología del Conocimiento. Fueron clases que me hicieron pensar y filosofar (sí, filosofar) mucho. Pero recuerdo dos cosas fundamentales de esas lecciones que paso a contaros en dos puntos:

Uno: Fue la primera vez que asistí a una clase en la que un profesor de universidad realizaba una disertación absolutamente magnífica sobre la necesidad social de que existieran o no las palomas. Pidiendo disculpas por adelantado por lo que pueda suponer esto para el medio ambiente en general, y a simpatizantes ecologistas en particular, he de decir que su discurso  defendía la no existencia de estas aves con una argumentación ágil y bien hilada..

Lección que aprendí: es posible en esta vida, y quizás en otra también, llevar a cabo análisis sociológicos sobre cualquier asunto, por extraño, o ajeno que pueda parecer a nuestra disciplina. Y además, es posible hacerlo de forma brillante, igual que si se estuviera haciendo una disertación sobre la evolución socio-demográfica de la población europea en los diez últimos años,   y no sobre un tema tan banal como es por qué las palomas “deberían” dejar de existir como especie.

Dos: Fue la primera vez que escuché a un profesor hablar sobre  la “torre de marfil”, como aquel lugar en el que se sitúan (o se esconden, dependiendo del caso), aquellas personas que se dedican al conocimiento por el conocimiento, alejados de lo que serían las dimensiones más terrenales de la vida social.

Esta “torre de marfil”, puede encontrarse en cualquier ámbito científico y profesional (se me ocurre que también puede encontrarse en el ámbito de la política, o en Consejos de Dirección de tantas empresas, tantos bancos, tantos…Tantos), y en el caso de la sociología designaría a profesionales que se concentran más en los aspectos teóricos de la realidad, dejando de lado aquellos aspectos relacionados con lo que en sociología podemos llamar el “trabajo de campo”, que implica contactar e interaccionar con personas sobre las que se quiere llevar a cabo una investigación.

Desde que estoy en Londres, me doy cuenta de que cuando empiezas a aprender y desenvolverte en otro idioma, estás más atenta al descubrimiento de expresiones, de palabras que te resultan curiosas o llamativas. Al principio de vivir aquí descubrí el significado de ser “people person”, una expresión que designa a aquella persona que es buena tratando con gente. En inglés no se andan con tonterías. Si, por ejemplo, eres más productiva de noche que de día, eres una “night person”. Si, de lo contrario, eres más productiva por la mañana, o resulta que de fiesta lo que mejor se te da es el mañaneo a partir de las 6-7… “morning person”. Así que si interactuar con la gente se te da bien, pues eso,”people person”.

Dos más dos son cuatro. Cuatro y dos son seis.

Es curioso que en ninguna entrevista de trabajo, hasta el momento, o en los proyectos en los que he participado me hayan exigido un perfil de “people person”. No es un requisito indispensable, en principio. Sin embargo, algo que sí aprendemos en la carrera es conocer cómo se genera y se desarrolla una teoría, que siempre parte de una primera hipótesis que tiene que verificarse y probarse en la sociedad, es decir, con personas. Conceptos teóricos como son el de “desigualdad social”, por ejemplo, son difíciles de medir y de teorizar desde arriba, desde esa “torre de marfil” desde la que os hablo. Podemos tirar de bibliografía, de discusiones interminables sobre qué es, o cómo definimos la “desigualdad social”. Pero al final hay que “bajar” al terreno, e investigar.

Investigar, que en el caso de la sociología supone  interactuar con la gente, siempre, eso sí, técnicas de investigación mediante. Si hemos diseñado una metodología con técnicas cuantitativas, pasaremos una encuesta para que la gente la responda. Si vamos a aplicar técnicas cualitativas, haremos entrevistas, o plantearemos grupos de discusión sobre los temas sobre los que queramos recoger información, entre otras muchas opciones.

Con la intención de retomar el tema de esta carta, en una segunda parte la semana que viene, os lanzo de momento estas preguntas:

¿Cómo sociólogas y sociólogos, tenemos/debemos/sería deseable ser “people person”? ¿Depende del ámbito en el que nos movamos, ya sea investigación social en el Tercer Sector, o investigación de mercado, o en general sería una dimensión personal que habría que promover para cualquiera de ellos? ¿Depende de las técnicas de investigación en las que nos especialicemos? ¿Importa menos ser “people person” si trabajamos analizando datos de encuestas que si nos ocupamos de analizar discursos recogidos en grupos de discusión, por ejemplo?

¿Importa realmente que incluyamos el contacto y la comunicación con la gente como un requisito a desarrollar en el ejercicio de nuestra profesión?

¿Queremos? ¿Debemos?

Al fin y al cabo, siempre nos quedará París y la posibilidad de quedarnos en la “torre de marfil” (que no Eiffel), bien provistos de libros y teorías, discutiendo acerca de si las palomas deberían o no desaparecer…

Esperando que al recibo de esta carta estéis bien me despido con un abrazo,

Beatriz Bonete

 

LINKS: 

Recomendación de libro: “Detectives y camaleones. El grupo de discusión: una propuesta de investigación cualitativa”, escrito por Soledad Murillo y Luis Mena. Aclaración: este libro es recomendable también como base para la aplicación de  técnicas cuantitativas, no sólo para las “cualis”.

Recomendación de cine:“El Indomable Will Hunting” (“Good Will Hunting”): con especial atención al el discurso (medio bronca, pero de forma elegante y académica), de Robin Williams (en su papel de terapeuta) a Mat Damon (Will).

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