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BECAUSE I´M WORTH IT

16 Sep

Because you´re worth itYo cobro 6,70 libras la hora trabajando en una tienda en Londres.

Tengo entendido que es el salario mínimo aquí (mínimo legal, se entiende, porque hay salarios mucho más “mínimos”). Aunque debería ser más alto, por el hecho de que Londres es capital y por tanto, vivir aquí es más caro que en otros sitios del Reino Unido.

Doy fe de ello.

La ciudad es cara no sólo en comparación con el salario que puedes tener si trabajas en comercio, hostelería o derivados, sino porque aquí son caros servicios básicos como el transporte, que deberían ser mucho más accesibles dadas las dimensiones de la ciudad.

Sigo.

Yo cobro 6,70 libras la hora, excluyendo los descansos. Es decir, que si tengo turno de 8.30 a.m. hasta las 3 p.m. con media hora de descanso, esa media hora no computa. No cuenta.

No money.

3, 35 libras que resto de una jornada en la que puedo ganar 46,90 libras  (a las que hay también que descontar impuestos, claro) por 7 horas de trabajo.

Todos estos cálculos que estoy haciendo aquí son una muestra del tipo de ejercicio mental en el que me estoy haciendo una experta desde que estoy en Londres. Yo que creía que había venido a aprender inglés, y me estoy convirtiendo en la calculadora humana.

Nivel B2 y subiendo.

Y no es que antes de venir no mirara por el dinero que ganaba, ni mucho menos. Creo que desde que empecé a trabajar he sido bastante consciente y cuidadosa con lo que ganaba y gastaba.

De todas formas, hasta la fecha, mis cálculos no han sido muy complejos. Nunca he ganado un salario alto, lo que quiere decir que nunca he cobrado más de 1.300 euros cuando he trabajado en España con contrato a jornada completa. Luego, cuando ya trabajaba más o menos por mi cuenta, mi rango salarial se ha ido manteniendo en esos parámetros, aunque cambiara del salario mensual a cobrar por proyectos, por informes, por colaboraciones, etc.

Supongo que ahí reside el que haya ejercitado tan poco eso del cálculo hora trabajada/dinero ganado. Tener un salario mensual diluye de alguna forma el valor de ese cálculo, o te hace ser menos consciente de la medida de tu trabajo en horas. Porque claro, aquí también habría que mencionar, aunque sea de pasada dos elementos respecto al tiempo y el trabajo:

–       La diferencia entre el tiempo “trabajando de verdad de verdad de la buena” y el tiempo “presencial” en oficina.

–       La diferencia entre horas trabajadas pagadas (con o sin presencia física en oficina) y las horas extras no pagadas.

Después, cuando he trabajado por mi cuenta, y he ido cobrando según los encargos a entregar (tantos euros por este informe, tantos por este análisis), de alguna forma también me ha sido “ajeno” eso de cuantificar las horas de trabajo, en función del precio. Quizás por aquello de que trabajar en casa despista, por la poca concreción de espacio-tiempo que se da en el que es tu contexto laboral-personal.

Mi casa, teléfono.

Sin querer hacer aquí ahora una exposición de los pros y contras de trabajar en casa, es cierto, que haber estado trabajando así en el último tiempo antes de venir a Londres, ha hecho que notara mucho más el contraste con el trabajo en la tienda. Un forma de trabajar totalmente diferente que me está sirviendo además para aumentar y afinar la percepción que tengo ahora de lo que supone mi tiempo laboral, mis horas de trabajo.

Quizá tenga que ver también el hecho de que ahora mi trabajo es mucho más “físico”. Te mueves más, tienes tareas más concretas que hacer de forma continua, que no requieren la intermediación de un ordenador, sino que implican movimiento, interacción real y resultados visibles y directos (que al final del día haya “money in the till”, como resumiría mi jefe).

La cuestión es que aquí en Londres, como ganas poco, y todo es tan caro, incluido el transporte, que es básico para moverte, terminas desarrollando esta calculadora interna en la que vas midiendo la equivalencia de tu hora de trabajo cada vez que gastas dinero.

“¿Una pinta 4 libras? Ponme media mejor, que yo soy poco de cerveza” (y una copa de vino me cuesta casi una hora de trabajo y ahí si ya duele).

Ya una no se deja caer tanto, como cuando en España una noche a gusto se te calienta un poco el pico y te gastas más dinero en copas que el que se supone que tenías que gastarte…No, no, eso aquí no me ha pasado hasta la fecha.

Pero claro, con estos cálculos continuos, y mini-restricciones personales diarias, hay veces que también te cansas y te dices a ti misma. “Vamos a ver Beatrí (yo siempre me hablo mentalmente utilizando mi nombre completo, y en andaluz), con el frío que hace, ¿para qué vas a estar esperando el autobús que va a tardar lo más grande en llegar a tu casa? Coge el metro, coge el metro. Más caro sí, pero un día es un día…Date el gusto”.

Y al final ese día vuelvo a casa en metro.

Porque yo lo valgo, claro.

 

Recomendación para leer:

Un artículo de June Fernández que me gusta especialmente y que habla sobre jóvenes, empleo, qué gastamos y cómo vivimos.

¿Jóvenes sin futuro?